“He aquí el final del camino, el final de mi camino. La
sangrienta espada aguarda por mi carne, ¿Y los hombres venenosos?: por mi
sangre. Seis hombres seremos, seis y una multitud, cinco van a torturarme, a
exhibirme, yo sufriré lo indecible. Cuatro van a amarrarme, mientras uno
encenderá un horno, como si fuera a hornear pan. Tres van a mantener el fuego,
mientras dos afilarán sus cuchillos. Dos van a ir cercenando miembro por
miembro de mi cuerpo, mientras que tres irán lanzándolos al horno para que sean
quemados como leña. Uno irá al suplicio final, mientras que cinco serán sus
verdugos… cinco y una multitud enferma y blasfema.
Estas son mis
últimas horas: las últimas que me quedan para pensar con claridad, para mirar
en mi interior, para recordar todo lo bueno que tuve en esta vida. Yo que fui
guerrero, yo que fui poeta: pronto sólo quedarán fragmentos carbonizados de mí.
Yo que pelee en Najband, en el Zab, y en otros campos sagrados. Yo que hice un
honesto trabajo en Gur, en Sabur, en Kirmán y en Basrah: mi legado será
desprestigiado. Yo que traduje sagradas obras, Inmortales. Yo que escribí obras
indignas, indignas de los gigantes del pasado. Yo que protegí a los siervos
Nobles del Oriente, cuando cayeron en esclavitud después de combatir valientemente.
Yo que soy también protector de los Jarudíes, hermanos Musulmanes en la Fe. Yo
el obstinado hijo de Mahurani, regreso al seno de mi madre. Yo el causador de
dolor y desgracias a mi padre, espero que con el tiempo se cierre su profunda herida
en el alma. Yo que dejaré solitario el lecho junto Jaydi, y a mis hijos en el
abandono.
¿Qué son pues
todas esas “hazañas”, todos esos logros? ¿De qué me sirven ahora, que estoy
ante el filo de la muerte? Todo lo que he logrado ha sido echado a la basura
por mi arrogancia y por mi ingenuidad. Arrogancia insultante que ha herido a
hombres que pueden desmembrarme, y en verdad ya han decretado mi
desmembramiento: es en estos momentos en que ni siquiera me agrado a mí mismo.
¿Qué son pues
todas esas hazañas y logros? Todo lo que he hecho se desvanece ahora: se van
las batallas, queda demasiado; se van los cargos, queda muchísimo; se van las
excelsas obras de los Nobles, quedan muchas cosas; se van mis indignas obras,
quedan varias cosas; se van mis siervos, quedan cosas y aspectos de mi vida; se
van mis hermanos en la Fe, quedan pocas cosas; se va mi familia, quedan sólo
las virtudes de la sagrada orden; se va la sagrada orden, quedo yo sólo: Cuando
las innumerables cosas se van, sólo queda el uno, el absoluto UNO.
Toda mi vida me
he escapado, he intentado esconderme, he intentado huir de las sombras, las
sombras que ahora me alcanzan. Ahora el miedo, los temblores, los horrores me
alcanzan: estoy sólo ante el terror más absoluto y absurdo. Fantasmas y demonios
devoran mis ropas y atraviesan mi piel ¿Qué me queda?
Desnudo de todos
esos cargos, riquezas y falsos honores estoy, desnudo como cuando nací del
vientre de mi madre. Ahora no soy diferente a un animal acorralado por los
cazadores: sintiendo lo mismo que él. Esa es la verdad, afronto el hecho de que
siento lo mismo que una acorralada bestia sin razón ni entendimiento, de esas
que se arrastran en el campo y comen deshechos. Ya me han quitado todo,
inclusive la posibilidad de una muerte digna: ya no tengo nada que perder.
Todo lo que me
quitaron se desvanece, como humo en la brisa. Estoy solo, desnudo, indefenso,
exhibido ante el terror más absoluto y absurdo. Estoy enfrentando a la
pesadilla verdadera. He aquí la pesadilla del suplicio casi eterno que precede
a la muerte. Ya me han quitado todo: no tengo nada que perder.
Ante mis horas
finales, no soy diferente que un animal o un niño entre los lobos: sentimos el
mismo terror primitivo, el miedo a la muerte. Lo único a lo que puedo aferrarme
es a mi FE, y la siento como parte de mi ¿Soy yo mismo o es un Don de Dios?
¡Dios eterno! ¡No permitas que resista el inicio del suplicio! ¡No soy un
profeta, pero te pido que mandes un sustituto como cuando salvaste al profeta
Jesús (Que Dios lo bendiga y le dé siempre la Paz)! ¿Mandaste un sustituto, o
en verdad los Cristianos tienen razón cuando dicen que el profeta experimentó
el dolor y la agonía de la muerte?
¡Perdóname Dios
Misericordioso! ¡Perdóname y apiádate de mí! Ahora que me han quitado todo, no
me queda ni el miedo a la blasfemia: pero es que me gusta pensar que el Profeta
Jesús, ante sus horas finales, decidió dar el paso final, el paso decisivo. Si
el Profeta Jesús, sabiendo que su mensaje le causaría muerte, pero su mensaje
daría la vida a los Judíos, Cristianos y Musulmanes, entonces el Evangelio de
los Cristianos es el testimonio de un Profeta valiente: en verdad más valiente
que yo.
Si eso es verdad,
entonces ¡Dame la fuerza Señor! ¡Dame el valor de afrontar la hora final como
quizás se lo diste al Profeta Jesús! ¡Bendícelo siempre y dale la Paz! Me gusta
pensar en un Profeta cercano a mi sufrimiento, y que entiende el terror próximo
de la muerte por tortura. Me gusta pensar como, según el libro de los
Cristianos, Tu Profeta dijo:
“Si Tú quieres
Dios, haz que este cáliz pase de mí. Pero si no: que se haga tu voluntad.”
Ahora yo te digo
Dios Eterno: ¡Que se haga tu voluntad! ¡Que se haga tu voluntad! ¡Que se haga
tu voluntad! Ahora acepto mi suplicio, ahora la agonía de la muerte que está
cada vez más próxima. Pendiente hacia abajo, inevitablemente, se cierne sobre
mí la muerte…
He aquí el final
del camino, el final de mi camino. La sangrienta espada aguarda por mi carne,
¿Y los hombres venenosos?: por mi sangre. Seis hombres seremos, seis y una
multitud ávida de muerte, hambrienta de sufrimientos, sedienta de agonía.
Estando sólo en mi
fría prisión: no espero el día de mañana. Pues el mañana traerá el dolor, de mi
carne desmembrada. Cada segundo golpea al corazón, pues está cerca la
condenación. Sólo le pido a Dios el valor, para enfrentar al más grande dolor.
Con cada latido
golpeando, y con cada rayo del cielo. Me doy cuenta que Dios permitió, el
terror y el sufrimiento. Esta es la prueba, la prueba final: ¡Es el momento de
la verdad! Desnudo y sólo el hombre va: para enfrentarse al juicio final.
Y el futuro se ve
más oscuro, pues se acerca mi suplicio…
Ahora puedo ver
al Diablo que está oculto: en esta condena y su juicio…
Se acerca la
hora, para el final, el terror se apodera de mí. No puedo ocultar, y ni
controlar, el temblor imparable así. Los ojos de la muerte, apuntan tenebrosos
aquí. Escucho, esos pasos, se acercan, ¡Ya están aquí!…”
“¡Ruzbeh
Abanamaqfar Abdal! ¡Prisionero Abdal! ¡Ya llegó su hora! ¡Acompáñenos!”
Y la criatura
resignada, uno de los muchos hijos de Dios, un sabio mártir por la causa de la
Nobleza camina sus pasos finales.
“¡Abran paso al
condenado! ¡Abran paso al prisionero!”
…
Y ante la
despreciable multitud, el frío Califa, que ha viajado hasta Basrah para
condenar personalmente a alguien a quien siente que le debe la última “Honra”
con una voz rígida y glacial dice:
“En el nombre de
Dios, El Honorable, El Verdadero, ¡El Justo! Yo Quraysh Hashim Abas Abanmuhmad
Abdal Halabiyeh Alamansur, Califa del Profeta, Príncipe de los creyentes, te
condeno a ti: Abdal Guriyeh Abanamaqfar, por los cargos de: conspiración contra
el Califato, herejía, apostasía, ateísmo e injurias hacia el gobernador Sufyan
Abanmoauyeh. Te condeno pues Abdal Abanamaqfar a la muerte por desmembramiento.
¿Tienes alguna última palabra para decir?”
“En realidad si:
no se me ha concedido el honor de una muerte rápida, por lo que esta multitud
siempre creerá que fui un indigno, pues en los momentos del dolor más
agonizante, parecerá que he perdido toda la dignidad y el valor, y que soy un
cobarde.
No se me
concedieron tampoco mis mejores ropas de gala, sólo esta sábana sucia e inmunda,
pero hoy ante todos ustedes me quito esta sábana sucia:
¡Desnudo salí del
cuerpo de mi madre! ¡Desnudo regreso al terror, al frío, al dolor y a la
inconsciencia de la muerte!
Pero sepan todos
ustedes que aún despojado de todo, aunque me han quitado todo ¡Estoy vestido de
honor y dignidad: no estos asquerosos chacales sedientos de sangre y de muerte!
Hoy ante su
juicio espurio yo aparezco como un “culpable” y se me condena por cargos de
falsedad. Pero en el día final estaremos todos juntos, ante el tribunal del
juicio de Dios, ¡Y apareceremos desnudos de cualquier hipocresía u ocultamiento
ante El Justo! Entonces el veredicto será muy diferente, y los condenados al
suplicio serán todos ustedes.
Termino con esto:
Califas mueren, y Califas suben al trono. Los reinos surgen y se desmoronan
¡Pero nadie nunca olvidará que existimos personas capaces de morir por causa de
La Verdad! ¡Nadie nunca olvidará que condenaron a un inocente y a muchos
inocentes, y la sangre de los justos manchará por siempre sus manos! Pero ustedes
vivan ¡Regodéense en su inmundicia, su hipocresía, su blasfemia y su cobardía!
¡Coman su carne! ¡Beban su vino! ¡Acuéstense con sus esposas! ¡Mientras tanto
yo muero por la causa de La Verdad, del Honor y la Dignidad! Pues vale más
morir por la vida, por la vida llena de sentido, que vivir por la cobardía y la
blasfemia.
¡Muchachos!
¡Acaben conmigo! ¡Vengan y destrócenme! ¡Oigan mis gemidos y consuélense
creyendo que soy igual de cobarde e indigno que ustedes!
¡Dios es testigo!
Dios es testigo: Dios es testigo…
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