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Javier Solís Con Banda: Álbum ganador del premio GS a la excelencia cultural.

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    Si existió alguien al que se le pudiera calificar como “el sucesor de Pedro Infante” es justamente Gabriel Siria Levario, mejor conocido como “Javier Solís”, quien, a riesgo de ganarme la animadversión de muchos, tenía una voz más técnica y estilizada que la del ídolo de Guamuchil. Casi podría decir que “cantaba mejor” que él. 

 

    Nació en la ciudad de México el primero de septiembre de 1931, pero como parte de su familia fue proveniente de Nogales Sonora, siempre consideró que sus raíces eran Norteño-Sonorenses.  Por la ruptura del matrimonio de sus padres, Gabriel terminó siendo criado prácticamente por sus tíos, quienes apenas le pudieron dar educación primaria, y eso no toda. En aquellos años 30´s, aún en la capital Mexicana había demasiado subdesarrollo y precariedad, y el hecho de tener primaria trunca no era raro, aún en la metrópoli era muy común. 

 

    Pero allí “le picó la espinita de cantar”, pues en la primaria comenzó a participar cantando en los festivales escolares, sin embargo su tía murió cuando el apenas tenía 8 años, y fue este factor el que condicionó que cada vez tuviera más dificultades para estudiar, por lo que pronto abandonó la escuela, y luego tuvo que alternar aquel “hobbie” de cantar con el trabajo en una tienda, pues tan pronto como le llegó la pubertad, comenzó a trabajar.

 

    En la adolescencia también se interesó por el deporte, así que anduvo haciendo algunos intentos en el boxeo, y otros deportes, mientras que se dedicó a muchas cosas: fue panadero, carnicero, lavador de coches, cargador, etc… mientras tanto se dio tiempo para seguir cultivando su afición al canto, presentándose en teatros de carpa para cantar. De allí un payaso de profesión con bastante carrera, llamado Manuel Garay le ofreció cantar en el Teatro Salón Obrero, donde con el nombre artístico Javier Luquín, Gabriel comenzó a participar.

 

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    Al mismo tiempo, el dueño de una de las carnicerías donde trabajaba, David Lara Ríos, al escucharlo cantar decidió pagarle clases de canto con el legendario maestro de vocalización e interpretación Noé Quintero: es aquí donde pulió sus dotes de cantante, acercándose poco a poco a la excelencia técnica e interpretativa, aunque para esto todavía faltaban muchos años.

 

    Siguió cantando en duetos y tríos con sus amigos, luego en restaurantes, y con distintos mariachis en las plazas de la ciudad, hasta que comenzó a grabar en un estudio aficionado junto al trio “Los Galantes” sus primeras canciones: “Punto negro”, “Tómate esa copa”, “Virgen de barro” y “Te voy a dar mi corazón.” 

 

    Estas demos las hizo llegar hasta Discos Columbia de México, que al fin lo contrató en 1955, después de una audición en la que literalmente arrasó a la competencia. Cuando recibió el visto bueno, comenzó a usar un nuevo seudónimo, que le sugirió su amigo Manuel Garay, el nombre por el que acariciaría las estrellas, y alcanzaría la gloria como la que probablemente es la mejor voz de México: “JAVIER SOLÍS”.

 

    Con esta compañía discográfica lanzó su primer sencillo: lado A: ¿Qué te importa? y lado B: ¿Por qué negar? 

 


    En la segunda mitad de 1956 comenzó la grabación de su primer álbum, que duró varios meses, e inclusive su lanzamiento fue retrasado porque Gabriel, ahora llamado “Javier Solís” asistió al funeral del ídolo de México, Pedro Infante, y en el cual cantó una de sus interpretaciones “Grito prisionero” imitando casi a la perfección su timbre, pero más allá de cualquier imitación, el ídolo era homenajeado en su tumba, allí donde un excelente cantante acaba de aparecer: todo un momento simbólico.

 

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    Esto marcó un antes y un después, pues algunos de los presentes se deleitaron con esta interpretación, le preguntaron a aquel “imitador”, recibiendo la respuesta: Javier Solís, y tiene un sencillo.

 

    Habían ocurrido algunas transmisiones en el radio de las canciones de su primer sencillo, y había recibido algún visto bueno favorable de los radioescuchas, sin embargo, los que lo escucharon en vivo, pidieron sus canciones en el radio, para “escuchar la voz de Pedrito con nuevas canciones”, sin embargo, cuando comenzaron a sonar nuevamente sus interpretaciones, descubrieron a un cantante totalmente auténtico, que no imitaba a nadie, con su propia voz ¡Y que voz!

 

    Ya de por si esos fanáticos dolientes por Pedro habían mencionado a algunos familiares y amigos que “escuché a un excelente imitador de Pedro Infante llamado Javier Solís”, ahora comenzaron a recomendarlo a los mismos conocidos “No sólo imita casi a la perfección al ídolo: Javier ES UN CANTANTE MAGISTRAL”

 

    De modo que esos familiares y amigos pidieron nuevamente canciones de Javier en el radio, se deleitaron, y de este modo, muchos más que sintonizaban alcanzaron a escuchar a un artista que poco a poco se convertía nuevamente en tendencia. La tendencia se volvió habitual, comenzó a crecer, y sus dos canciones se convirtieron en auténticos Hits.

 

    Pero la bola de nieve siguió rodando, y los Hits del momento revelaron al artista del momento: pues la partida de Pedro había creado un vacío tan grande, que incluso cualquier artista con una buena voz, bien proyectado por sus managers y con canciones escogidas estratégicamente podría llenar parte de ese vacío y competir contra otros… pero sucede que este nuevo artista no sólo estaba bien proyectado, y con canciones bien escogidas; sucede que no sólo era un gran cantante, sino un intérprete de una voz excelente, si no es que PERFECTA.

 

 

    Por eso como dice su canción: “es natural” que el artista del momento se volviera LA REVELACIÓN de aquel año dramático para la música mexicana. Así que durante todo el verano la revelación siguió creciendo, estando en boca de todos, y que compraron tanto su sencillo, que ese mismo año recibió su primer disco de platino.

 

    Con tanta expectación, fue lanzado su primer álbum: “Javier Solís, Volúmen I”. Después de este le seguirían otros como “Javier y el Mariachi Perla de Occidente”, “Canta Javier”, “Llorarás, llorarás” etc… hasta que en 1959 llegó este álbum: 

 

    Javier Solís con Banda.

 

    Este álbum fue grabado en Estados Unidos, durante la primera gira de Javier Solís en el vecino del norte, donde pareciera que combinaron una Banda Tambora estilo sinaloense, con una Big-Band estilo Nueva York, pero que más probable es que sea una banda sinfónica de las tradicionales. Si es lo primero antes que lo segundo, entonces de inmediato asistimos a los comienzos de la experimentación con la música folclórica Mexicana (periodo trunco lamentablemente, pero esa es otra historia).

 

Lado A:

    Un arpegio de arpa y flauta abren un hermoso arreglo, acompañados de violines, entonces la melodiosísima voz de Javier Solís hace acto de presencia en una apertura que va ganando intensidad romántica y con aire de antaño (Inclusive para los 50´s) como sólo un vals tradicional bien hecho puede lograr, pues tal y como dice el título de esta pieza “Cuando escuches este vals” te va a llevar a evocar otros tiempos. Estamos ante un álbum artístico, y elegante con todas sus letras, como lo anuncia esta hermosísima canción.

 

    Trompetas y una marimba entran de manera directa en este arreglo sobre metales, anunciando una canción elegante, basada en tonos menores. Los violines y el clarinete adornan una poesía sacra, mística, hecha canción:  

 

       

        “Muere el sol en los montes, 

    con la luz que agoniza, 

    pues la vida en su prisa, 

    los conduce a morir. 

 

        Pero no importa saber, 

    que voy a tener, el mismo final, 

    porque me queda el consuelo 

    que Dios nunca morirá…”

 

 

    Por eso este excelente vals se llama “Dios nunca muere.” Con una fuerza elegante y casi a manera de marcha, esta banda excelente va llevando la canción por matices dramáticos a la altura de la señorial voz de Solís.

 

 

    Y hablando de Quien no muere, y de quien muere da comienzo esta pieza: “Morir por tu amor.” Con un vals aún más típico, cuya intro recuerda al más famoso de todos ellos: al Straussiano “An der schönen blanen Donau” o “el hermoso Danubio Azul”, canción inmortalizada internacionalmente por ser parte de la banda sonora de 2001 Odisea Espacial, y en México por ser la melodía detrás del típico “Queremos pastel, pastel, pastel…” Esta canción musicalmente es el colmo de la elegancia típica del vals.

 

    Le sigue otro vals ¡Un momento! ¿Qué no este era un álbum de Javier Solís con banda? Así es, pero esta banda al estilo sinfónico interpreta valses Mexicanos tradicionales, con un estilo excelentemente magistral, como excelente es la tesitura del grandioso Javier. En este caso es una canción típica de despecho Mexicana, llamada “Viva mi desgracia.”

 

    Sabiendo pues que este es un álbum de valses ¡Pero qué valses! Pasamos a la melodía llamada “Julia”, que comienza a un paso lento, pero poco a poco va ganando cierta intensidad elegante en el crescendo: entonces en el coro estalla el portento de voz del “Rey del bolero ranchero” que aquí también confirma ser el “Rey del vals” y “Rey de la banda sinfónica Mexicana”. 

 

    Aunque la canción anterior fue más pausada y tranquila, la siguiente, llamada “Alejandra” abre con su intro cual si fuera el “vals de las flores”. Cuando termina la primer estrofa, de pronto un arreglo impresionante se deja venir hasta tus oídos, demostrando porque este álbum es merecedor del premio GS. Las figuras, los cambios de modo, los pasajes y los movimientos de esta pieza la hacen ser otro de los puntos álgidos de esta obra maestra.

 

Lado B:

 

    Con un par de campanadas suaves abre el lado B del disco, este “tundata” con inflexiones vocales algo “manieristas” se llama “Recuerdo”, el cual se reserva poco antes de la segunda estrofa otro arreglo en el que esta obra toca techo, rompiendo inclusive el compás, sincopándolo con un arreglo de trompetas, trombón, marimba y clavecín consiguiendo un efecto sorpresivo e impresionista, y es que los músicos están aquí no sólo para “crear un telón de fondo” al excelso cantante, sino también para demostrar la propia excelencia de sus sinfonías.

 

    De pronto una introducción inesperada, nos envuelve en su suprema suavidad, lenta, sentimental, melancólica, triste, y con mucho melodrama. Señoras y señores, pongámonos de pie, pues estamos ante la excelsa “Por ti aprendí a querer…” en la que en tonos un poco lúgubres abre Solís, haciendo gala de una tesitura que rosa la perfección. El único fallo que le daría a esta canción, y eso “fallo” con entrecomillas dobles, es que mientras la melodía y los arreglos son tristísimos, la letra no lo es tanto, sino un romance que ¡Se atreve a mencionar la palabra “Feliz”! Noooooo!!!!

 

 

    Un desenvuelto “Ojos de juventud” llega hasta tus oídos, aportando algo de contraste con la anterior melodía: esta vez una melodía de algún modo más “alegre” nos entrega una letra de decepción y de despecho ¿No sería genial que las letras de ambas canciones se hubieran intercambiado logrando una armonía perfecta en relación músical-lírica?

 

 

    Llega el “Mañana” hasta nosotros, con su obertura hermosísima, pues su “tonada” tiene la magia necesaria para llenar de dulzura tus oídos ¡Espero y no te empalagues! Pues no cae realmente en la cursilería, ni esta, ni el resto de la “rola”, aunque quizás este sea el único punto bajo del disco ¡Pero nunca por su obertura o por su cierre!

 

 

    Y hablando de cierres, llega la canción “En el club verde” la cual va declinando su intro de su aire “felizón” yéndose desde los tonos mayores hasta un descenso a la “menoría” para darle el lugar a la Divina Garganta del Mexicano, uno de los mejores cantantes mundiales que ha pisado la tierra. Los flujos cambiantes entre modos mayores y menores, sumado a la elegancia de los arreglos, y el portento de voz, hacen de este un excelente cierre con broche de plata, del que para un servidor es el mejor disco de 1959, y por ello acreedor al premio GS por excelencia cultural. 

 

 

    Y así es que todo el conjunto de piezas, de valses Mexicanos en versión banda/big-band/sinfónica logra un resultado tan sólido, artístico, elegante y glorioso, que lo hace merecedor a este premio:

 

 

 

Álbum: Javier Solís con Banda.

Género: Vals, Banda, Banda sinfónica, Big-band, Música Romántica.

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Lado A:

1.- Cuando escuches este vals

2.- Dios nunca muere

3.- Morir por tu amor

4.- Viva mi desgracia

5.- Julia

6.- Alejandra

Lado B:

7.- Recuerdo

8.- Por ti aprendí a querer 

9.- Ojos de juventud

10.- Mañana

11.- En el Club verde

 

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 SECCIONES a las que pertenece este artículo: Música

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Pedro Infante: El ídolo de México - Álbum ganador del premio GS a la excelencia cultural.

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    La tarde del domingo del 14 de Abril de 1957, el señor Nassim Joaquín Ibarra, gerente del centro comercial Joaquín, en Cozumel, empresario y padre del exgobernador de Quintana Roo Pedro Joaquín Coldwell recibió un mensaje de su secretaria, que le mandó un amigo suyo, oriundo de Sinaloa:

    “¿Sabes qué? Ya no viajé a la ciudad de México: te espero en tu casa para comer filete.”

    ¿El nombre del amigo Sinaloense que le dejó el recado? Pedro Infante Cruz.

    Esa misma noche, la pasó con sus amigos cantando dos de sus temas preferidos: “Tú y las nubes” (lista para su próxima película cómica sobre aviación e infidelidades llamada “Ando volando bajo”) y “Camino de Guanajuato” de José Alfredo, enfatizando mucho en la frase: “La vida no vale nada.”
 
    Al amanecer del lunes 15 de Abril, Pedro cruzó a toda velocidad la ciudad de Mérida a bordo de su moto Harley Davidson, en la que era un maestro para hacer algunas acrobacias. Se dice que tenía mucha prisa y por poco se estrella, pero no… aún no le llegaba su hora: tenía un asunto personal que atender y ni la muerte lo detendría… al menos en ese momento.
    Su presencia como piloto de aquel vuelo de la empresa Tamsa no estaba programada, pero aun así el piloto del viejo bombardero de la segunda guerra mundial, DC4 con matrícula XA-KUN, el piloto Víctor Manuel Vidal le permitió tomar el lugar de copiloto.
    Así pues, Pedro Infante, conocido entre sus compañeros aviadores como “Capitán Cruz” pidió instrucciones a la torre de control para despegar. Con el cielo totalmente despejado, calcularon que el viaje duraría poco más de dos horas.
 
    Despegaron pues a las 7:40 am, de aquel avión medio viejo, que ya una vez había sufrido un desperfecto en pleno vuelo. Despegaron a toda velocidad, pero no pudieron ganar altura, pues otro desperfecto se hizo evidente: los barrios aledaños de aquel Aeropuerto escucharon el ruido de los motores del avión, inusualmente más fuerte y ensordecedor, por lo que salieron a ver a un avión que iba descendiendo paulatinamente.
 
    Cuando el fuselaje rozó un árbol, el combustible comenzó a salir en llamas, y en pocos segundos las llamas se esparcieron debido al combustible y a la fricción del aire. Así pues, el combustible comenzó a ser consumido en segundo, y el avión no podía aterrizar en forma, sino que ya estaba cayendo: era imposible intentar el aterrizaje.
 
    El movimiento de la carga del avión (incluyendo contrabando que metió el socio mayoritario de la Empresa Tamsa y hermano de Antonio Matouk, representante del ídolo de Guamuchil) causó un desequilibrio que lo hizo girar sobre sí mismo cayendo al revés y culminando el accidente con una explosión mortal.
 
    Aquel fatídico accidente ocurrió a las 7:45 de la mañana. Se dio en el patio de una tienda que daba a la calle 54 sur y 87 de la ciudad de Mérida Yucatán. El combustible que saltó y se derramó estaba en llamas, e incendió todo a su paso, quemando a la tienda e inclusive más allá, a la calle frente a ella, donde varios peatones murieron quemados.
 
    Inclusive una joven de 18 años llamada Ana Ruth Rosel Chan se quemó y estuvo agonizando unos minutos, abrazando el cuerpo calcinado y sin vida de su hijito Raúl (un verdadero “Torito”).
    De este modo tan trágico y horrible murió junto con todas aquellas víctimas (incluyendo a toda la tripulación del avión), Pedro Infante Cruz, y quizás en sus últimos momentos le llegó a la mente una profecía que le dijera una gitana hacía 10 años a él y a su mejor amiga y amor platónico Blanca Estela Pavón “La chorreada”. En aquella profecía les dijo que el final de ambos estaría envuelto en una bola de fuego. Dos años después moriría Blanca Estela, y 8 años después le sucedió lo mismo a Pedro.
 
    ¿Sería esto lo que recordó en sus últimos momentos? ¿O quizás sería la frase frecuente que se le escuchó decir frecuentemente después de comprobar la veracidad de la profecía ante el féretro de Blanca estela?
 

    “Debe ser hermoso morir como los pájaros, con las alas abiertas, con el viento a tus pies, el sol en tu rostro, las nubes en el pecho, y yendo derechito hasta El Creador…”


    Así murió pues un gran, talentoso, carismático y querido artista –quizás el más querido de México- aquel Lunes 15 de Abril de 1957, dándose la trágica noticia a las 11:15 horas, al interrumpir el programa del “Tío Polito” de Don Manuel Bernal para dar la trágica noticia, causó una conmoción sin precedentes: no sólo en México, sino en varios países de Latinoamérica ocurrieron decenas de suicidios al saberse la triste noticia, y es que ya en esa época Pedro Infante era una estrella totalmente consagrada, un gran actor, un galán del cine, mujeriego empedernido, millonario humilde, atleta, piloto aviador, motociclista, cantante y persona que en la cumbre de su carrera nunca olvido sus modestos orígenes y siempre se definió a su mismo como uno de tantos hijos del pueblo.
 


 
    Pero este vez me toca hablar de una pequeña parte de su faceta como cantante e intérprete, una parte que podríamos llamarla compendio, pues después de su muerte se realizaron mil y un compendios, homenajes, recopilatorios, álbumes de éxitos, etc… siendo el primero de estos el álbum que nos toca reseñar y premiar: Pedro Infante: el Ídolo de México (1958).

    Abre el álbum con un toque de trompeta fúnebre, y comienza a escucharse la voz de Miguel Aceves Mejía:
    “De allá del monte, del sufrimiento… llorando viene ¡Llorando el viento! Va cabalgando sobre la pena de ir anunciando que Pedro ha muerto…”
 
    Así abre un triste vals ranchero o “tundata”, acompañado por un triste mariachi. Así es como abre este álbum homenaje, el primero de gran duración de todos, el primer disco doble. De pronto se interrumpe el mariachi para entrar una sección con tambora, donde dice un par de versos el amo del falsete:
 
    “En Mazatlán y Guamuchil,
    El cielo se vistió de rojo,
    Y el pueblo llora el despojo,
    Del pregonero de sus pregones.”
 
  Luego vuelven al “Tundata” triste de mariachi y termina con una voz fuerte pero quebrada del amo del falsete. Así abre este álbum doble: abre de luto.
 
    Comienzan a sonar un acordeón y un bajo sexto, una canción norteña, y son los legendarios Alegres de Teran, que ahorita de alegres no tienen nada: están cantando el corrido de la muerte de Pedro Infante: hasta sus voces se escuchan algo apagadas, tristes, aunque no dejan de tener esa cadencia a dos voces tan tradicional de la música norteña.
 
    Suena otra vez el toque fúnebre de trompeta, pero la voz inconfundible en este caso es del Rey, del Rey compositor José Alfredo Jiménez. Le compuso esta despedida llamada “Adiós a Pedro Infante”. En el crescendo y el coro suenan las voces de las hermanas Huerta, con esos habituales “gallos” falseteados hechos a propósito para hacer esa voz tan folclórica, que confieso que rápidamente me cansan, pero el resultado final es otra canción triste y muy sentida.
 



    Un requinto comienza a abrir un precioso bolero, toca el turno pues de Los Panchos, pues en esta versión de lujo del Álbum se incluyó también esta magnífica interpretación de “Amorcito Corazón” la que quizás es la canción más famosa y emblemática del Ídolo de Guamúchil. Las voces tan melodiosas -como ni siquiera logran emular más de un intérprete de mariachi, con contadas y honrosísimas excepciones- dan un toque de dulzura bohemia: el álbum con estas 4 canciones ya está demostrando ser todo un referente musical por sí mismo.
 
    Por tercera vez suena un toque fúnebre de trompetas ¿Pero quién canta? una voz demasiado familiar, ¿Quién es? Es la misma canción del inicio “A Pedro Infante” ¡¿Cómo es que la canta el mismo Pedro Infante?! Pues porque es su hermano, Ángel Infante quién está cantando, aunque con un final diferente al de la versión de Miguel Aceves Mejía, un final más triste, y es que esta canción, (compuesta por el increíble Rubén Fuentes) fue grabada solamente una semana después de la muerte de su hermano. 
 
    Este final pues es aún mucho más triste, no sólo por el cambio de tonos hacia algo más triste, sino también por el hecho de saber quién y cuándo la grabó.
 
    Entonces cuando estamos más decaídos por el tono lúgubre y depresivo del álbum, continúa el lado B del primer disco, y con el abren las mañanitas, con unos bonitos versos de Pedro Infante, mientras que el mismo comienza a cantar… así es: a partir de esta canción es la misma voz del Sinaloense la que se encarga de continuar el Álbum, pues además de ser un Álbum homenaje de los otros artistas mencionados, no hay que olvidar que es un disco doble recopilatorio de las canciones más representativas de Infante ¿Y cuáles son estas canciones?
 
    “Allá en el rancho grande” es una de ellas, y se agradece que esta aparezca inmediatamente después de las mañanitas, pues con estas dos se termina de contrarrestar el depresivo inicio del álbum.
 
    Con clarinetes, violines, y piano abre otra de las canciones más representativas, y junto con las otras dos, forman fácilmente tres de las 10 canciones más características de México ¿A cuál me refiero? Me refiero por supuesto a “Cielito Lindo”.
 
    Continúa el Álbum con una canción de ritmo de corrido, alegre también, llamada “El Ranchero”: en el momento de los coros el ritmo cambia para convertirse en Huapango, terminando esta sección con un redoble rasgueado en las guitarras, para volver nuevamente al ritmo corrido. Me gusta que acompañen las estrofas con el violín en pichicato. Buena canción que sigue aportando valor al álbum.
 
    La introducción de la siguiente canción nos indica que es de las 5 canciones más famosas de Pedro “¿Qué te ha dado esa mujer?” Su voz tan melodiosa y educada hizo que este ídolo en cuestión esté rankeado entre los 10 mejores cantantes Mexicanos de todos los tiempos: si en esta canción no queda demostrado, entonces no sé cómo puede demostrarse.
 
    Un grito Mariachero “Ultramexa” de Infante abre la última canción del primer disco, esta es “El Muchacho Alegre” y con esta termina de ser sepultado el tono triste del disco. Me gusta el hecho de que en un mismo disco se le dé completamente la vuelta al tono inicial, pero ¿Qué más tiene para aportar este álbum? Hasta ahora tiene un 8 garantizado (a menos que se vuelva monótono, aunque no creo) un muy buen álbum ¿Aportará algo más este trabajo de Peerless? Vamos a ver ¡Que diga! A escuchar con detenimiento y atención.
 
    El segundo disco abre con otra de las 5 más famosas del Ídolo de México, ¿Y cuál puede ser? Nada más y nada menos que la cómica ´ufemia, es decir “Carta a Eufemia” que continúa con la faceta alegre de Pedro, esta vez con una canción cómica. Está bien, que prosiga este tono alegre, pero si el álbum sigue incluyendo canciones así, corre el riesgo de volverse “más de lo mismo” y bajar la puntuación.
 
    ¡Parece que este trabajo musical escucha mis pensamientos! Pues esta vez la segunda canción de este disco es un corrido en vals “Tundatero”, Siete leguas, el caballo de Pancho Villa. ¡Bien por el álbum!
 
    Comienza la siguiente rola con un charango… ¿O acaso es un ukulele? Acompañado de los tonos más agudos de un arpa, que nos indican que esta es una canción Infantil, para los niños más pequeños ¡Así es! Pedro Cantaba desde corridos, Chachachá, baladas, boleros, canciones de borrachos, hasta música infantil. ¿Pero a que canción me refiero? A “Osito Carpintero”, bonita canción de una de las facetas menos conocidas del Mexicano.
 
    Sigue un bolero hermoso, pero triste, otra de las 5 más emblemáticas de Infante ¿Cuál es esta? Por supuesto, estoy hablando de “Cien años”. A estas alturas este álbum doble ha subido su puntuación, de 8 a 9, ¡Ya ha alcanzado la excelencia!


 
    Un ritmo de Chachachá cambia por completo el tono del álbum para aportar más variedad, toca pues el turno de “Nana Pancha” ¿Qué puedo decir? ¡Me encanta la variedad de este recopilatorio!
 
    Un poema cantado del maestro Venezolano Eloy Blanco termina este lado del disco: 
 
    “Pintor nacido en mi tierra, con el pincel extranjero, pincel que sigues el rumbo, de tantos pintores viejos, aunque La Vírgen sea blanca: píntame angelitos negros…”
    “Angelitos Negros” una de las mejores canciones de Pedro ¿Cómo no podía ser incluida aquí? 
 
 

 
   Me encanta que cada parte, cada lado de estos discos termina por sorprender, y por elevar cada vez más y más el valor de este trabajo recopilatorio ¡Y es que desde las mañanitas hasta aquí se va explicando toda la grandeza de Pedro Infante Cruz! se va explicando sin palabras habladas, más bien cantadas, en la propia voz del ídolo de México.
 
    La cara B del último disco de este álbum abre ¿Cómo no? Con otra canción cómica, “Mi chorro de voz”. Es notorio como en esta canción Pedro finge tener una voz bien jodida, mediante el uso intencional de gallos, voz reseca, toz y desafinaciones cómicas, para cumplir con el propósito de la canción “Yo tenía un chorro de voz, yo me daba mi paquete ¡Riyatizona cual firmamento!” (o como chingados se escriba eso jajaja) “Pero del chorro de voz sólo me quedó el chisguete…”
 
    “Bésame… Bésame mucho… Each time i cling to your kiss I hear music divine…” ¡Ah cabrón! ¿Cómo está eso? Pues así es, también “Peter Child” llegó a cantar en inglés al más puro estilo baladesco de las Big Bands gringas.
 
    Continúa el álbum con una introducción elegante y fuerte de huapango, usando las trompetas, para volverse un huapango más lento y “romántico”, entrando una voz melodiosa, preciosa canción la de “Deja que salga la Luna”. En esta canción se luce Pedro en él falsete, que aunque no es como Miguel Aceves Mejía para estos menesteres, aun así se defiende. En definitiva esta es la canción más elegante del Sinaloense, pues él fue tan grande como las canciones que le tocó interpretar... y aún más. 
 

 
    Otro huapango más veloz abre, y por supuesto ¡Otra de las 5 más famosas que Pedro! Pero esta vez en colaboración con el grandioso Jorge Negrete, me refiero por supuesto a “Jorge El Bueno, Pedro El Malo” ¿Hace falta decir algo más sobre esta famosísima canción? ¿Cuáles son pues las cinco canciones más emblemáticas de Pedro Infante? “Amorcito corazón” “Cien años” “Carta a Eufemia” “Jorge El Bueno, Pedro El Malo” y “¿Que te ha dado esa mujer?”
 
    Este otro huapango, en un tono mucho más alegre, me encanta que la parte final del álbum sea esta canción llamada “¡Maldita sea mi suerte!”. Me gusta por los cambios constantes de ritmo, que pasan de huapango ha corrido, de corrido a tundata, y de tundata nuevamente a huapango, para pasar al corrido, y al tundata. Es como si fuera una especie de “Mariachi Progresivo” jajaja
 
    “Zopilotes a volar, presumido el Gavilán, la Paloma de San Juan lo puede desplumar, sólo quiero contemplar tus ojitos y besar tu boquita sin igual, que me hace tanto Mal… dita sea mi suerte mi vida, mi vida me la han robado….” 
 
    Me gusta como la canción no sólo juega con los ritmos, sino también con la letra ¡Excelente canción! Con esta canción más las cuatro anteriores a el álbum ha logrado el 10, así es ¡Ha alcanzado la perfección en su espectro de géneros! ¿Qué más tiene para demostrar? ¿Qué más necesitó demostrar Pedro Infante para constatar que fue el más grande artista de la época de oro tanto del cine Mexicano como de la canción Mexicana? ¿Con que seguirá demostrando? Con una canción más ¡Y que canción! Excelente final directo
 
    Unas trompetas militares abren una marcha corrida en mariachi, una canción directa y con una actitud ruda de muchos huevos:

    “Camino a las alturas se ven los gavilanes, se pierden en las nubes y se acercan al sol. Regresan pensativos mirando al infinito… no saben si en la lucha alguno se quedó.
    Según sus propias leyes aplican la justicia. Poniendo por delante su noble corazón. Las garras afiladas ya prontas al ataque esperan el momento para entrar en acción.
    ¡Vuelen vuelen gavilanes! ¡A pelear por la razón! No es vergüenza ser bandido si se roba al que es ladrón. ¡Vuelen vuelen gavilanes! ¡Y no dejen de pelear! Que la suerte de los pobres, en sus manos va a quedar…”

    ¡Esos sí que son finales! ¡Finales con huevos!

    Y es por esto que todo el Álbum completo demuestra por sí mismo ser merecedor de que se premie a la memoria de Pedro Infante, dándole el premio SG a la excelencia musical.  
 

Desde El Cielo, o en el descanso que aguarda, ¡Felicidades Pedro Infante Cruz por tan impresionante trayectoria! ¡Gracias por darle forma a las ilusiones de toda una generación y aún a las siguientes!
¡Gracias Pedro Infante!

¿Qué es la muerte más hermosa,
El más bello fin?
Volando el ave se despoja,
Se alista a morir,

    Teniendo a tus pies al viento,
Y en tu rostro el sol,
Con las nubes en el pecho,
Yendo directo al creador.

     Así quiero morir cuando,
De partir llegue mi hora,
No quiero que agonizando,
Llegue la negra sombra.

    Esto dijo aquel grande,
Sin imaginar que algún día,
En la plenitud de su vida:
Partiría Pedro Infante.


Álbum: Pedro Infante: El Ídolo de México.

Género: Ranchero, Mariachi, Norteño, Bolero, Chachachá, Huapango, Infantil, Balada.

Disco 1:

Lado A:

1.- A Pedro Infante (versión de Miguel Aceves Mejía)

2.- Corrido de Pedro Infante.

3.- Adiós a Pedro Infante.     

4.- Amorcito Corazón (Versión del Trio “Los Panchos”).

5.- A mi hermano Pedro (Versión de Ángel Infante).

Lado B:

6.- Las Mañanitas.

7.- Allá en el Rancho Grande.

8.- Cielito Lindo.

9.- El Ranchero.

10.- ¿Qué te ha dado esa mujer?

11.- El Muchacho Alegre.

Disco 2:

“Lado C”:

12.- Carta a Eufemia.

13.- Siete Leguas.

14.- Osito Carpintero.

15.- Cien Años.

16.- Nana Pancha.

17.- Angelitos Negros.

“Lado D”:

18.- Mi Chorro de Voz.

19.- Kiss Me.

20.- Deja que salga La Luna.

21.- Jorge Bueno, Pedro el Malo.

22.- Maldita sea mi suerte.

23.- Los Gavilanes.

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Artiversario de Madera:                                                      Juego: Galaxy Domination    
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