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19.- Esfuerzo, lucha, sufrimiento, pasión, miedo y alegría, no sólo son vivir.


Todavía hay algo que decir respecto a la idolatría hacia las “artes elevadas”, pues lo que antes se cantaba en fiestas y reuniones populares, las grandes historias de héroes locales del pasado, mezcladas con el folclore, ahora lo declaman en los cafés para hípsters o lo exponen en las facultades de filosofía y letras ¡Ni siquiera lo cantan! Se ha perdido la actitud popular de aquellas gentes del pasado, en detrimento del seco análisis y la pedantería de más de un academicista.

Así vemos que lo que antes alegraba a las gente, ahora es parte de arrogantes señoritos letrados, y de maestros que quieren a fuerzas inculcar en los niños, lo que antes era vital ¿Cómo es posible que Don Quijote, siendo una gran comedia de humor en el tiempo en que se escribió, sea ahora el mejor somnífero para los jóvenes de secundaria? ¿Cómo es que se les obliga lo que antes era espontáneo, lo que causó risa a los Hispanohablantes (y más de un Angloparlante) del siglo XVII?

Por eso los productos culturales, las “bellas artes”, corren peligro de calcificarse, secarse, volverse rígidas y secarse, pues ya no tienen al corazón del pueblo.

Así que ante tanta pedantería, y anti-espontaneidad, yo elogio como verdaderamente poético y artístico a las canciones sencillas, a la “música popular”, aquella que ni se vuelve pedante, pero tampoco cae en la estupidez de ensalsar a asesinos o secuestradores. Disfruto una buena canción para bailar, aunque sea una cumbia, y no me pongo los lentes de mamonería para decir “eso no es arte” porque ya quisieran muchos de esos pedantes tener la mitad de la pasión que tienen los intérpretes cuando tocan esas canciones “simplonas”.

Ya quisieran la mitad de lo auténticamente poético que vi yo en aquella chica que iba a los nogales a recoger la nuez en temporada de las pizcas, para sacar algo de dinero extra. Mujer preciosa entre los piscadores, entre los árboles y las hojas, cantando canciones de Calibre 50, ella ni siquiera leía libros ni en defensa propia, pero para mí la escena y ella misma son poesía pura en mis recuerdos.

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Aún recuerdo como si fuera ayer, que me acerqué con el pretexto de piscar también, hablé con ella, y surgió la química entre nosotros. El arroyo algo crecido junto a nosotros, bajo la sombra de los álamos, yo sobre la arena, y ella recostada sobre mi pecho, contenta, alegre.

Luego cuando ya no quisimos seguir viéndonos, las discusiones pueriles, que nos viéramos con otras personas, ella saliendo con otros, y yo sin “piscar nada” jajaja, fue un rompimiento algo doloroso, pero de eso se trata la vida, de eso se trata su reflejo, el arte, y su sostenimiento: la cultura ¡Vivir apasionadamente! Esforzarse por un ideal, luchar contra los males que se nos oponen, sufrir por la lucha, o por la pérdida de seres queridos y relaciones, tener miedo, pero tener la satisfacción de derrotarlo con valor insigne.

Alegrarnos en las victorias, pero también en las fiestas, con los amigos ¿Y porque no? Los falsos amigos también están invitados. Consolarnos en las derrotas o en las pérdidas. Amar apasionadamente, y vivir apasionadamente, aceptando también nuestro lado animal ¡ESA ES LA VERDADERA SUBSTANCIA DEL ARTE! ¡DE TODO ESTO SE TRATA EL VIVIR!

VIVE EN PLENITUD… Que no muchos tienen el privilegio de tener una larga vida por delante: inclusive Abanamaqfar:


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18.- La verdadera y la falsa cultura.


Si ya quedó lo bastante claro que la cultura es todo lo útil para la vida, pues es como un árbol ¿Qué es la falsa cultura? Aquella que se basa únicamente en los productos culturales, es decir: el falso concepto de que “es culto” sólo quien ha leído mucho, ha contemplado muchas pinturas, ha visto mucho teatro, etc…

Respecto a esto, también Abanamaqfar tiene algo que decir, pues el menciona que quien valora única y exclusivamente al arte, se le consideraría "de tierra estéril", algo que en estos tiempos yo llamo un tipejo pretencioso. Asimismo los que valoran solo un ramo de la actividad humana menospreciando a los demás vienen a ser tipos sectarios, pues favorecen a una actividad en detrimento de las demás. Y sabemos que el sectarismo en instancias avanzadas causa desequilibrio, el desequilibrio caos, y el caos causa estancamiento frente a otros grupos humanos, por lo que lo lleva al atraso y al final: a la debilidad.

Es por eso que el sectarismo al final viene a ser enemigo de la cultura, mientras que lo verdaderamente cultural contempla y valora los siguientes ramos: Gobierno, Justicia, Seguridad, Salud, Alimentación, Educación (y dentro de esta, a la cultura seminal educativa, de la que forma parte el arte propiamente dicho.), Ecología, Ciencia y su aplicación material (Tecnología), Transporte de personas, material e información (Comunicación) y Economía.Resultado de imagen para hipsters en un cafe

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Fomentando en un grupo de personas, actividades de diversa índole que cubran todos estos ramos, y cohesionando al grupo mediante lazos familiares (por eso es que sabemos que la familia es la base de la sociedad), es como se crea una cultura, sociedad y gobierno colectivo útiles, por lo que alguien verdaderamente culto se preocupa y se ocupa de que los ramos estén relativamente limpios de corrupción, o en su defecto (nuestro) de combatirla junto con las injusticias: alguien auténticamente culto está en contra de la enfermedad frecuente de los gobiernos actuales (corrupción, egoísmo, opresión, entreguismo, etc...) y por lo tanto está en contra de los agentes patológicos de los mismos (los malos políticos que por ahora abundan y son plaga).

Así como la cultura de una sociedad o comunidad está basada en lo útil que hace para sobrevivir mediante protección, salud y obtención de recursos básicos, asimismo a nivel personal, la cultura está basada en lo útil que aplica en su vida, por ejemplo: ¿Cuánto de lo que sabe lo puede aplicar en su vida? Así que para ser realmente cultos, es necesario por definición darle un enfoque práctico a todos los conocimientos que tenemos, y tratar de aplicarlos lo más que se pueda: No importa que tanto sabes, importa que tanto aplicas de lo que sabes, y si sabes tanto que sientes que batallarías por aplicarlo en tu vida, bien puedes prevenirte contra la arrogancia u olvidarla si ya estás enfermo de aquello.

Así por ejemplo yo me considero alguien inculto, pues no aplico ni la mitad de lo que sé, y soy consciente de que no es un gran mérito saber en teoría muchas cosas, pues es relativamente fácil adquirir conocimientos teóricos: Basta con prender la TV, buscar cosas en Internet, hablar con alguien, hojear una revista, jugar un videojuego, escuchar la música que alguien quiere compartirte etc... Así que no hay gran mérito en las cosas que sé.

Lo único que puedo hacer a nivel personal es aplicar las cosas que se como una herramienta para contribuir con un sencillo granito de arena para buscar la mejoría de la comunidad y de la sociedad, por ese propósito he escrito este modesto libro, pero no me limito a solamente escribir, pues trato en mi vida de poner el ejemplo.


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17.- El mal del sectarismo que pretende dividir al espíritu de la materia.


Además, el árbol moriría si en verdad estuviera disociado lo de abajo con lo de arriba, si cortaran su tronco por la mitad. ¿Cómo pues pretenden los sectarios la falsa “oposición entre lo espiritual contra lo terrenal”? Todos esos sectarios, mal llamados espirituales, además de los materialistas a ultranza, son como taladores de la realidad, pretenden que la realidad está talada y por lo tanto hay una “enemistad irreconciliable” entre el principio material contra el principio espiritual, ya sea que “uno de los dos es pernicioso, falso o no existe”.

Aquellos que tratan de disociar lo material de lo espiritual, o lo espiritual de lo material caen en un error que induce al mal, y de hecho: ya lo ha inducido en la historia. El materialismo a ultranza generó genocidios como el Holodomor, del que Iósif Stalin, al frente de la Unión Soviética, fue responsable. Este genocidio causó la muerte de a 7 millones de Ucranianos (un millón más que las cifras oficiales de la Shoa u holocausto Judío a manos del Tercer Reich), pero el falso espiritualismo, el cual es el espiritualismo a ultranza también causó muerte y degradación humana: ténganse en cuenta las muertes por guerras religiosas, las cruzadas (“mátalos a todos, que ya Dios reconocerá a los suyos” le dijo Armaud Amalric, legado del Papa al comandante Simón de Montfort cuando asediaban Béziers en la cruzada albigense) y la infame inquisición, tanto Católica como Protestante (El protestantismo tradicional siempre ha estado hasta principios del siglo XIX sospechosamente ligado al exterminio, a la quema de brujas y al racismo, este último muy vigente en muchos “gringos” protestantes sureños, como los que votaron por Trump). Por no hablar también de los atentados llevados a cabo por terroristas musulmanes.

Así pues, la disociación de lo material y lo espiritual viene a ser como una enfermedad sectaria de la cultura. ¿Cómo puedo demostrar que no sólo no están peleados lo material con lo espiritual, sino que colaboran entre sí? Sencillo: el esfuerzo y la constancia no son conceptos que pueda tomar entre mis manos, no son cosas materiales; más bien son principios y valores espirituales, juntamente con la justicia, el amor, etc…

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Si una comunidad se dice espiritual, pero sus miembros se atormentan continuamente creyendo que los impulsos naturales son malos, si casi nadie hace deporte salvo unos cuantos jóvenes, si ven mal la sana práctica de las artes, si no hacen nada por el medio ambiente pues piensan:

“De todos modos Allah va a enviar al Mahdi muy pronto y este mundo se va a acabar ¿Qué caso tiene hacer algo por el medio ambiente?”

Si los niños no viven felices, pues se los obliga desde muy pequeños a asistir a aburridísimas reuniones donde hablan los predicadores salafistas, y siempre los obligan a ir a reuniones religiosas.

Si los jóvenes viven frustrados constantemente pues al prohibírseles una vida plena, fomentan la hipocresía, pues al no poder aguantar los “malignos deseos de la carne” pasan a realizarlos clandestinamente.

Si los pobres viven en la miseria, es decir, no sólo no son ricos, sino que no encuentran trabajo, y el que hay está demasiado mal pagado, les faltan cosas de lo más básico, pero los religiosos sectarios les dicen “no te preocupes: en la otra vida serás allá en el cielo serás millonario.” Mientras a otros pobres se los acostumbra a ir a la mezquita, recibir su pan y su agua, y se les fomenta a nomás estirar la mano para medio comer: ¿Dónde está la plenitud de vida en la comunidad? ¿Es verdaderamente espiritual tal comunidad? NO. Y esto aplica tanto para ciertas comunidades “musulmanas”, como para comunidades “cristianas”, “judías”, “budistas”, etc… Vemos pues reflejado en la realidad, que estas actitudes forman parte de un monstruoso engaño, una tergiversación de las palabras de Cristo al decir “hay que despreciar a la tierra para ganarse el cielo”.

En cambio sí otra comunidad dice ser espiritual, y dentro de la misma, sus miembros viven mejor, más sanos, hay más parques y jardines, y la naturaleza misma se fortalece en ellos.

Los niños crecen más felices en calles seguras, jugando y aprendiendo. Los adultos, con problemas y lo que sea, pero no viven atormentándose por “el mal de los deseos de la carne” pues canalizan esos deseos dentro del matrimonio, por poner un ejemplo.

En una comunidad donde los pobres no viven en miseria, ni los ricos en el egoísmo: pues todos tienen trabajo, un oficio bien pagado, algo útil para la comunidad, y por lo tanto las necesidades básicas están cubiertas para todos los de ese pueblo, gracias al trabajo de todos.

Podemos estar seguros de que esa comunidad SI es espiritual realmente, pues gobiernan los principios espirituales de dignidad, trabajo, honor, esfuerzo, justicia, generosidad, etc…

Mientras que lo material resultante realimenta a esa espiritualidad auténtica: allí podemos ver el árbol de la vida funcionando sanamente sin ninguna disociación herética y maligna entre materialidad y espiritualidad, las cuales van de la mano.

Otro ejemplo mucho más cotidiano está en el cuerpo mismo ¿Acaso someter al cuerpo al esfuerzo y la constancia que da el entrenamiento acaba con el cuerpo? Más bien al contrario. Un cuerpo subordinado a la disciplina, el esfuerzo y la constancia que dan el entrenamiento de la práctica de un deporte se vuelve más fuerte, más resistente, más sano. Es igual con el resto de conceptos espirituales, que están para gobernar, pero GOBERNAR BIEN: ¿Acaso un buen gobernante está contra los gobernados? El gobernante es el plano espiritual en nosotros, el gobernado es el principio material.

Ninguna espiritualidad que dañe o perjudique a la vida y su plenitud en comunidad es buena… o quizás ni siquiera es espiritualidad: sino un vil y asqueroso sectarismo psicológico. Pero cuando la materia, la tierra, y la carne se someten a la verdadera espiritualidad, aquella que proclama a los valores universales como un principio rector de la vida: entonces la vida, la comunidad, y la naturaleza se fortalecen y llegan a su plenitud, con pasión, justicia, bienestar, esfuerzo y ecología.

Falso es pues, y principio de maldad aquel supuesto principio que dice “desprecia al cuerpo, desprecia a la tierra, desprecia a lo material, entre más desprecies todo esto: más espiritual serás”. No sólo es falso, sino estúpido y dañino, pues la auténtica trascendencia se da cuando al profundizar en el aprovechamiento de las buenas potencialidades materiales, crecemos hacia el cielo bajo los principios rectores del amor, el honor, la nobleza y la responsabilidad. Quien se alegre de que la tierra (la vida humana, animal o vegetal) sea destruida, morirá junto con ella, y si resucita: no será para bien. Así pues, no se puede ser espiritual si se desprecia a lo material: esa idea ha causado ya bastante daño.

Recuerda bien: del árbol, al profundizar sus raíces en lo profundo del suelo, de la tierra, sus raíces crecen vigorosas hacia el cielo, trascendiendo por mucho al nivel del suelo.


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