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Artiversario de papel: especial conmemorativo por los primeros 25 artículos.



Palabras clave: Cultura, Cultivos, Jardines, Aniversario, 25, Artículos, Francia, Califato Omeya, España, Imperio Romano, Islam, Califafo Abasí, Arabía, Imperio Sasánida, Persia, Chiitas, Irán, Chiismo, India, Sunitas, Inmortalidad, Sunismo, Flor, Hamagzangul, Médico, Doctor, Salud, Aventura, libro gratis, el mejor libro, el libro del año
    
    Me presento a ustedes: yo soy un simple mortal, y quizás cuando estén leyendo esto, yo ya esté muerto. Sepan pues que alguna vez pisó la tierra un médico, un doctor aventurero llamado Borziyeh: el mejor en su especialidad.

    No me recuerden por lo que no logré, lo que me faltó hacer en esta vida: sino por lo que si descubrí: ¡Miles de maravillas! ¡Millares de plantas curativas! Todo esto y más encontré en la India, tierra enigmática, provincia ancestral, con ideas y filosofías apasionantes.


    Recuerdo pues aquel viaje por tierra que hicimos a esa nación: los cuervos y los buitres volaban sobre nosotros, yo sentía el sudor frío, pues las aves parecían estar esperando a que cayéramos muertos, pues nos internábamos en el desierto más inhóspito de la tierra, el cual forzosamente debíamos cruzar si queríamos alcanzar por tierra a aquel subcontinente. Para mí fue un viaje hacia lo desconocido, aunque los comerciantes con los que iba se lo sabían casi de memoria, pero yo no confiaba en ellos…

    Cruzamos pues el desierto de sal ¡Y hasta las aves carroñeras se han ido por la sed! Caminamos pues ese abandonado lugar que en momentos parece eterno. Nuestros únicos testigos eran los esqueletos que nos miraban, parecían decir “¡Pronto serán de los nuestros!”



    “¡Oh Dios! ¡Sálvamos!” es lo que pensaba, hasta que vimos llegar a los barcos con suministros hacia la desolada costa ¡Nuestra salvación! Juro que si se hubieran tardado un día más, creo que habría muerto por la deshidratación o la debilidad, o quizás habría perdido totalmente la razón. Cruzamos pues el desierto, y dimos con unas montañas gigantescas, nevadas en su cumbre, así pasamos de la blancura de la sal, a la blancura de la nieve, subiendo por escarpados caminos, a veces tapados por piedras, a veces cubiertos por capas de nieve de más de un metro, con la amenaza latente de una avalancha.

    Yo quería rendirme, pero ¡Donde nos quedaríamos! Así que mis acompañantes me daban ánimos para continuar, por lo que anduvimos en las veredas, siempre subiendo, para luego comenzar a bajar, topándonos con espesas selvas que, generosas, parecían saludarnos con alegría.

    Llegamos pues a esas tierras de magia, de misterios y maravillas. Conocí a gente extraordinaria, cuya aura mística me tentó más de una vez para abandonar el propósito por el cual había sido enviado a este país de contrastes, pero no permití perderme en esas confusiones místicas, y elegí proseguir mi camino, para cumplir la encomienda de Mi Señor el Rey, quien me ha enviado para buscar la Hamagzangul: la flor de la inmortalidad.

   

    A continuación relataré lo que encontré en la investigación:



    De pueblo en pueblo, y valiéndome de intérpretes, estuve preguntando por la dichosa flor, pero las gentes de aquellas villas siempre nos mandaban cada vez más lejos diciéndonos:

    “Si siguen ese camino de allá, detrás de esa villa y detrás de esas montañas: encontrarán lo que buscan: la Hamagzangul.”

    Pero luego, cuando llegábamos a ese lugar, las gentes que nos topábamos nuevamente nos decían lo mismo, haciendo que nos internáramos cada vez más en las misteriosas tierras orientales. Así que llegamos demasiado lejos, mucho más lejos de lo que cualquier occidental antes de nosotros había llegado.

    Entonces en una villa a la que llegamos y preguntamos, las personas nos dijeron: “Lo que buscan está en la cima de esa montaña” ¡Por fin habíamos dado con el lugar exacto! Así que subimos esa alta montaña, topándonos con un santuario donde los monjes protegían y cultivaban a esa flor, no obstante que nos permitieron entrar al recinto donde guardan ejemplares de esa planta para los viajeros más virtuosos. 


¡Hemos llegado por fin! ¡Logramos lo imposible! Ha llegado la hora de conocer esa flor ¿Cómo es? Los monjes nos han permitido acceder hasta el recinto sagrado donde se encuentra…



    El fragmento anterior es parte de un libro totalmente gratuito, conmemorativo y escrito por mí, llamado “Cultura, cultivos y jardines”, el cual pongo a disposición de todos ustedes como regalo Navideño, y cuyo enlace dejaré al final del artículo. 
    Dono este libro como regalo por las fiestas Decembrinas y también para celebrar los primeros 25 artículos publicados en esta, la revista de ustedes: Quid Editorial, pues este es su primer Artiversario.

    Han pasado poco más de 6 meses de que empezara a escribir en esta revista, luego de su remodelación, y con estos casi 7 meses la página tiene en su haber sus primeros 25 artículos. Gracias a la intensa promoción en las redes sociales, sobre todo en Facebook, en grupos de esta red social: por ejemplo el grupo oficial de la revista, llamado “Otro mundo es posible: este es el QUID de la cuestión.” Aunque también en muchos más, como por ejemplo “Realidad mundial”, o “Debates y opiniones”.

    Mención especial merece la página de Meneame.net porque yo mismo y algunos otros usuarios han publicado artículos de esta humilde revista digital, consiguiendo básicamente el 30% de las visitas actuales: tomando en cuenta que en esa página hasta el día de hoy sólo se han publicado 4 artículos, y que con esos 4 hayamos conseguido casi 5,000 visitas es un indicio de la calidad, la cantidad, la popularidad y el alto poder de convocatoria en España y en otros países de habla Hispana que tiene esa excelente red social.


    Gracias a este intenso trabajo es que al día de hoy la página, a sus escasos 6 meses de vida ya supera las 12,000 visitas ¡Todo un record! El cual podría parecer insignificante viendo que hay páginas que superan las 250,000 visitas, el millón, o canales de Youtube que tienen más de un millón de suscriptores. Pero ten en cuenta que este no es un canal de Youtube, sino una página de lecturas, y que sólo tiene 6 meses, por lo tanto es un número muy bueno de visitas, signo de que la gente está valorando el esfuerzo, el empeño y la constancia puestos en este proyecto.

    Respecto al libro: es un ensayo reflexivo, el cual trata sobre muchísimos temas relacionados con la cultura, por ejemplo: las primeras conquistas Musulmanas, los inicios del Imperio Islámico, el origen de la división entre Sunníes y Shiíes (también llamados Chiitas, como si fueran una changa XD), la época de los Omeyas, el inicio de los Abasíes; la vida de un filósofo y escritor, las traducciones que hizo sobre un libro de cuentos, algunos cuentos cortos provenientes de ese libro, la autobiografía del médico que recopiló aquellos cuentos, la ética integral y en que consiste; la mejor definición de la cultura posible, el sentido de la vida y de la especie humana; la relación entre el plano espiritual y el plano material; la definición de persona “culta”, la diferencia entre la verdadera y la falsa cultura, etc… Este libro es un auténtico canto a la vida, a los sentimientos, a la pasión ¿Y por qué no? Al mundo literario también.

    Espero que este pequeño libro gratuito que resume el espíritu y la actitud detrás de estos primeros 25 artículos, este ensayo realizado con suma dedicación, esfuerzo y pasión, sea de su agrado, y sirva como un regalo Navideño que les hago a todos ustedes. ¡A disfrutar!


 Artículos relacionados:

   Cultura, Cultivos y Jardines.

 (Para lectura dentro de esta página)

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  Cultura, Cultivos y Jardines. (Para lectura y descarga)

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SECCIONES a las que pertenece este artículo: Literatura.

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                           Contexto geopolítico Mundial 1:                           Los saicos: Rank 23°  
                               pueblos Lub, Haltamti y el                                    de las mejores
                                 surgimiento de la civilización                                 bandas de Rock
                                (5,000 a.C.-3,260 a.C.)                                         de todos los tiempos

1.- El mundo en el que nació Abanamaqfar.


    Después de cerrarse el periodo de los Califas justos, se abrió el periodo de los Califas de la dinastía de los Omeyas Mayores, y naturalmente este periodo inició plenamente con el Califa Moauiyeh. En ese periodo, y bajo el mando de los Omeyas, es que los ejércitos del Islam conquistaron a prácticamente todo el mundo conocido. Es en este mundo en el que nació Abanamaqfar.

     Como el Califa Moauiyeh tenía a sus partidarios en Siria, y sabiendo que instalarse en Arabia era instalarse en el epicentro de los conflictos, conspiraciones y asesinatos (2 Califas de 5, -prácticamente el “40%” de los Califas hasta ese momento- habían sido asesinados en Medina, en Arabia) decidió lógicamente instalarse en Siria, provincia llena de partidarios, familiares y nuevos terratenientes (oficiales suyos conquistadores) que lo apoyaban, así que se instaló en esa tierra, mandando construir su palacio en la ciudad de Damasco.

    Una vez ganada la seguridad inicial, Moauiyeh formó un consejo de oficiales notables, para que le juraran fidelidad a su hijo Yazid El Príncipe primero, por lo que en los hechos Moauiyeh estaba convirtiendo el Califato en un Reinado, es decir, en un Imperio gobernado por una dinastía hereditaria: los Omeyas.

    Luego, inspirándose en el protocolo de sus vecinos Romanos de Anatolia, Moauiyeh vistió ropas Imperiales, se rodeó de una fastuosidad increíble en su palacio de Damasco, creando esa parafernalia típica de los Reyes, la cual, por patética que se vea al pretender mostrar al monarca como alguien “casi Divino”, tiene su razón de ser como símbolo disuasorio para que otras personas no intenten usurpar el poder, pues pocos apoyarían al usurpador si “no tienen sangre azul”. No es el método más efectivo para estabilizar un gobierno monárquico, pero al menos contribuye aunque sea un poco.

    Esta fastuosidad monárquica contradecía el anterior carácter austero de los Califas anteriores, y es aquí donde se comenzó a idealizar el régimen anterior, con la típica conclusión mal hecha de que “todo tiempo pasado fue mejor”, por lo que los Califas, con sus virtudes y defectos, fueron en cierta forma idealizados, y es por ello que se conocen como los “Califas Justos”.

    Sin embargo sus súbditos no islámicos -que eran mayoría en el vasto Imperio Califal- apoyaron al Califa Monárquico, pues sus abuelos y hasta algunos padres conservaban el recuerdo de los antiguos Emperadores Romanos y Reydereyes Sasánidas, vestidos de un modo fastuosamente lujoso, y separados del resto de los mortales.

    Esta situación podría tarde o temprano explotar, entre los musulmanes molestos con el estilo monárquico (al que veían como despotismo idólatra, narcisista y blasfemo) y los partidarios de la dinastía Omeya, pero gracias al buen hacer de la gestión de Moauiyeh, hubo relativa paz interna… al menos durante su vida.

    Pero a su muerte, en el 680, estallaron rápidamente las rebeliones de aquellos antiguos partidarios de Ali, junto a los partidarios de sus descendientes, por lo que nuevas guerras civiles azotaron al gigantesco Imperio Musulmán, durante un periodo de 12 años.

    En ese periodo los partidarios de la familia de Ali, llamados Shias, apoyaron a los dos hijos del último de los Califas Justos, por lo que hubo rebeliones encabezadas por estos dos: Hasán y Husayn, pero el resultado de la guerra civil fue adverso para los Shias, por lo que desistieron, al menos durante algunos años.

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    Al final de la guerra civil, en el 692, el Califa Omeya del momento, Abdal Melik se dió cuenta de que las crónicas guerras civiles habían disminuido considerablemente al número de guerreros, oficiales y partidarios, no sólo de los Omeyas, sino ya del dominio árabe, por lo que ahora los árabes eran todavía más minoritarios en el Imperio.

    Sabía que en cuanto se dieran de la aguda inferioridad numérica de los árabes,  y de su endémica debilidad étnica, los pueblos no árabes comenzarían a tramar rebeliones nacionalistas, y lo peor no era eso: lo peor era que los mismos “ciudadanos de segunda” podrían conspirar junto con todo el cuerpo burocrático de origen griego, egipcio, judío, arameo e iranio, para acabar con los oficiales militares, los terratenientes, y los líderes religiosos árabes.

    Es por ello que, lleno de celo racial, el Califa decidió enquistar fuertemente a los árabes como la clase gobernante, pues si no podían volverse mayoría en toda una generación, al menos no le darían la oportunidad a los funcionarios no-árabes de unirse junto a los súbditos y quitarles su dominio: por ello Abdal Melik impulsó los primeros pasos de la reforma Califal, por la cual el idioma árabe reemplazaría al Griego y al Pahlab como idioma administrativo.

    De esta forma comenzó a disminuir la dependencia de los árabes hacia los funcionarios y burócratas griegos, egipcios, judíos, arameos o iranios, pues los jóvenes hijos de los terratenientes y de los oficiales (que por necesidad de sus familias de mantenerse en el poder conocían aquellos idiomas –indispensables para tratar con los burócratas gubernamentales- desde hacía generaciones) podrían educarse primero con los viejos funcionarios no-árabes, y luego desempeñar sus funciones al retirarse estos, traduciendo, adaptando o incorporando todos los términos técnicos extranjeros al idioma árabe.

    Esto gradualmente le proveyó al idioma árabe de una gran riqueza de términos, provenientes de esos otros idiomas, iniciándose las escuelas de los grandes gramáticos de aquel idioma semita en el Imperio Islámico.

    El paso lógico siguiente que darían tanto Abdal Melik, como sus sucesores fue el de usar el árabe como única lengua oficial del ejército, seguido por hacer obligatoria la confesión de que “sólo hay un Dios y Mahoma es su profeta” convirtiéndolos prácticamente en nuevos musulmanes.

    Luego llegó el tiempo de aplicar el impuesto conocido como Giezya, que es el impuesto adicional que debían pagar los no musulmanes para que se les respetara su credo y se les dejara en paz ¿Y quién tenía el poder para decidir si se respetaba o no a los otros grupos religiosos, que sumados eran mayoría? Lógicamente el ejército, y tenía este que ser un ejército compuesto en su mayoría por fuerzas regulares islámicas.

     Antes de estas reformas Omeyas, los ejércitos Califales estaban compuestos por un núcleo pequeño, pero duro, de árabes musulmanes, en torno a los cuales se agrupaban las otras tribus árabes: tribus judías, cristianas, y paganas. Luego seguían las fuerzas mercenarias, de unidades de caballería, arquería e infantería compuestas por aguerridos pueblos paganos, dualistas, o cristianos. Y para inflar más el número, se solía hacer una leva de milicianos sacada de entre los súbditos griegos, egipcios, judíos, arameos e iranios, complementada con algunas unidades pequeñas de conversos no-árabes al islam, junto con la cada vez más importante leva de libertos eslavos convertidos también al Islam.

    De esta forma se entiende que de todos los ejércitos disponibles, los musulmanes constituían, quizás un 30% cuando mucho, por lo que era muy peligroso que la aristocracia árabe islámica (que gobernaba vastos territorios fuera de su hogar ancestral) siguiera disminuyendo por efecto de las estériles guerras civiles, pues rodeados como estaban de guerreros tanto “infieles”, como de no-árabes, podrían todos ellos en un momento dado abandonar o inclusive combatir a la minoría islámica, eliminándolos.

    Pero gracias a estas reformas no sólo comenzó el proceso de islamización y arabización (lingüística) del ejército, sino que poco a poco, gradualmente, pero cada vez más numeroso, surgió un fenómeno social dentro de los súbditos “incrédulos”: se comenzaron a convertir también al Islam.

    Estas conversiones se hicieron de manera superficial, pues sólo lo hacían para librarse de la Giezya: para no tener que pagar ese impuesto especial a los no-musulmanes.   

    Sin embargo estos nuevos conversos naturalmente tenían hijos, pero las costumbres legales del Califato prohibían que los padres musulmanes educaran a sus hijos en cualquier otra fe. Así que de este modo surgió una gran necesidad de instrucción para estos nuevos musulmanes, tanto militares como civiles.

    Y es aquí donde surge en plenitud la figura del Ulema, es decir, del maestro de religión “Mahometana”, pues a mayor demanda, mayores oportunidades de ofertar conocimiento, y mayores los árabes islamistas dispuestos a enseñar (tanto por piedad y vocación religiosa, cómo para lograr cierto poder y hasta “administrar” las limosnas.)

    Entonces el fenómeno social de estos conversos superficiales dió paso al fenómeno social de los hijos de estos conversos: los islamizados de segunda generación, al haber sido educados en la religión musulmana, eran más sinceros que sus padres, pues eran auténticos musulmanes de corazón, y seguidores de la autoridad de estos Ulemas, que habían pasado de ser simples particulares árabes, a convertirse en auténticos líderes religiosos que detentaban cierto poder sobre sus fieles.

    Pronto otros Ulemas más interesados en alcanzar poder político-religioso, se dedicaron a instruir exclusivamente a ciertas etnias y pueblos, pues de este modo podrían hacerse de una facción unificada desde la cual escalar posiciones en un Imperio que de cualquier otro modo no les ofrecía casi nada de posibilidades de ascender en la escala social.

    En el caso de los Shias, los predicadores del Islam partidarios de la familia de Ali se dedicaron a convertir a los pueblos de Mesopotamia, sobre todo Arameos e Iranios, por lo que el Shiismo, en su etapa de fortalecimiento numérico y engrosamiento de la facción, fue tomando un tinte cada vez más iránico, persa y mesopotámico, ya que estos conversos se volvían musulmanes, pero no árabes de cultura, sino que preservaban cualquier aspecto de sus tradiciones pre-islámicas que no contradijeran a los preceptos más básicos del Islam.

    Luego los Shias hicieron otros intentos de hacerse con el poder, como en la tercera guerra civil en el año 740, que, si bien no les dio el poder a los Shias, si fue un movimiento destructivo que acabó con la dinastía de los Omeyas mayores 10 años después.

    Así vemos pues que el Imperio Mundial Califal continúa extendiéndose, hasta llegar a la india, y a las fronteras con el Imperio Chino al oriente, mientras que llega al Atlántico, gran parte de España y hasta partes de Francia al occidente. Este crecimiento se dio bajo la Dinastía de los Omeyas mayores, Dinastía que retuvo el poder en Damasco durante 89 años, desde el 661 hasta el 750.

    En este vasto Imperio Mundial, comenzó el gradual fenómeno de la islamización y la arabización (idiomática) de gran parte de sus habitantes, sin embargo, estos procesos fueron impulsados por gentes que no buscaban la unidad incondicional del Imperio, sino que cada quien buscaba su propio poder, y si era necesario romper la unidad para imponer su poder, lo harían, guerras mediante.

    En este mundo de guerras civiles, fermentación cultural, y disputas políticas que poco a poco se transformaban en divisiones y distinciones sectarias dentro de la religión del Islam: es en este mundo en el que nació Abanamaqfar.

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Este capítulo es parte del libro: Cultura, cultivos y jardines. 

(Lo puedes descargar en este enlace)

 
                                                                      
    

SECCIONES a las que pertenece este libro: Literatura.



Entrada: Los sucesores justos.

 
 

    Antes de hablar de la acción islámica contra los rebeldes, debo mencionar que Abu Bakr inició la compilación de todos los dichos y discursos de su antecesor, los cuales habían sido escritos como “notas” en todo tipo de materiales, por lo que la compilación de los sermones, dichos y discursos, que los musulmanes dicen ser revelados por Dios, se unirían en un solo libro, el cual sería el famoso Corán.
 
    Ahora si pasemos al tema de la rebelión: este califa tuvo que hacer frente a la rebeldía de los árabes, pero cuando la sofocó (con una guerra mediante) tenía al naciente Califato, listo para enfrentarse con sus vecinos al norte.
 
    De este modo las fuerzas islámicas iniciaron la guerra contra el Imperio Romano al noroeste y contra el Imperio Sasánida al noreste, en lo que parecía ser una pésima estrategia, pues aparentemente lo más inteligente en cuanto a estrategia hubiera sido aliarse contra un Imperio para atacar al otro, y ya una vez derrotado, volverse contra su aliado.
   
    Sin embargo Abu Bakr no actuó así, por lo que se preparó para lanzar a todas sus fuerzas árabes, compuestas por guerreros musulmanes, tribus árabes judías, cristianas e inclusive paganas, pues la conversión al Islam todavía era muy minoritaria.
 
    Comenzaron pues los primeros ataques árabes a la periferia de los Imperios, pero como Abu Bakr estaba ya muy anciano, designó a Omar Abanakhatba como su sucesor. Fue pues Omar el segundo Califa, o sucesor de Mahoma al frente del naciente Imperio Islámico.
 
    Tanto Omar como su predecesor Abu Bakr, y dos Califas sucesorios, forman parte de los 4 Califas “Justos”, porque su vida, obra y gestión siguen hasta la fecha idealizados por la mayoría de los musulmanes.
 
    El Califa Omar pues supo culminar los planes de su predecesor, pues en una serie de sangrientas batallas hizo ganar a los árabes, aplastando tanto a los Romanos en el oeste, como a los Sasánidas en el este, prácticamente destruyendo a este último Imperio.
 

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    Una vez que lograron destruir o desarticular a los dos Imperios, estos victoriosos árabes se encontraban gobernando de facto los inmensos territorios de ambas tierras, pero ¿Cómo podrían aprovechar el inmenso potencial de aquellos territorios, en primer lugar para enriquecerse y en segundo lugar para organizar su nuevo vasto Imperio?
 
    Tenían que recurrir a los civiles sobrevivientes, los burócratas tanto del Imperio Romano, como del Imperio Sasánida, por lo que al principio se apoyaron tanto de burócratas civiles, como de sacerdotes y jerarcas religiosos de los credos no islámicos, para poder gobernar. De hecho el naciente califato por un tiempo usó el griego y el Pahlab (lengua de los Sasánidas) dos idiomas oficiales tanto del Imperio Romano como del Sasánida respectivamente, para gobernar las crecientes mitades Occidental y Oriental.
 
    Sin embargo el resto de los conquistados, los que no gobernaban, estaban lógicamente resentidos por la pérdida de libertad y por la caída de su estatus a ciudadanos de segunda clase, inclusive esclavos, así que un esclavo vengativo buscó al Califa y lo asesinó en Medina. Al morir el Califa Omar, el consejo que el mismo formó, designó como sucesor a Utman Abanafán, el tercer califa de los Justos. Bajo su gobierno se terminó la compilación de todas las revelaciones de Mahoma en el Corán, sin embargo en el proceso, tanto Fátima (hija de Mahoma y Jadiya, esposa de Alí), Aysha (la esposa más joven del Profeta e hija de Abu Bakr) como Abanmasud (compañero de Mahoma) y otros más habían denunciado que la escritura del Corán no se apegaba fielmente a las palabras del Profeta, por lo que circulaban otras versiones del recientemente escrito texto oficial sagrado. Cuando Utman mandó quemar las otras versiones, las tensiones entre la minoría musulmana del Califato crecieron.
 
    Utman, quien sentía las tensiones, prefirió rodearse de su familia, los famosos Omeyas, para gestionar al gigantesco Califato, por lo que designó a sus familiares en los cargos más importantes. Esta designación tuvo un fuerte respaldo por su sobrino llamado Moauiyeh Abanbysufyan, un victorioso general que había conquistado para el Islam a varias provincias Romanas y que gobernaba a la provincia de Siria desde antes de la designación de su tío como Califa, apoyándose este sobrino en sus numerosas tropas leales.
 
    Esta fue la gota que derramó el vaso, pues Ali, siendo uno de los compañeros más piadosos, sinceros y queridos por el profeta, a la hora de la sucesión Califal (valga la redundancia) fue siempre dejado de lado a favor de Abu Bakr, Omar y Utman, gobernando estos de un modo cada vez menos piadoso, cada vez más pragmático, y cada vez menos sincero.
 
    ¿Ahora pretendía Utman gobernar a base de nepotismo? Por ello es que muchos descontentos con el gobierno Nepotista, partidarios de Ali, menos resignados que él, pero más indignados, asesinaron también a este tercer Califa en su casa en Medina, y por fin fue elegido Califa Ali Abanbytlab.
 
    De este modo llegó al gobierno el cuarto Califa, el cuarto de los justos, y por primera vez desde la muerte de Mahoma, el Imperio Islámico fue gobernado por un idealista, un piadoso, un erudito, y no sólo un gobernante pragmático.
 
    Sin embargo, Ali mostró cierta pasividad ante los asesinos de Utman, causando indignación en sus familiares Omeyas, por lo que lo acusaron de complicidad. Estos familiares Omeyas, junto con Moauiyeh acusaron a Ali de ser cómplice en el asesinato del tercer Califa, y por lo tanto de conspirar para llegar al poder a base de sangre.
 
    De ese modo muchos partidarios de otros antiguos compañeros del Profeta se organizaron, con cierta ayuda de los Omeyas, y así se formó una facción y un ejército que se rebelaba contra el Califa representando a Aysha, la viuda de Mahoma.
 
    Ali y sus partidarios (en Árabe se dice Shii) derrotaron al ejército de Aysha, pero este magnánimo Califa le perdonó la vida. Luego, cuando el artero Moauiyeh vio suficientemente debilitadas a las fuerzas Califales, se decidió a enviar un ejército contra el monarca.
 
    Así las fuerzas de Moauiyeh con sus familiares Omeyas y las de Ali y sus partidarios Shias (también llamados Chi´itas) se enfrentaron en la batalla de Siffin en el 657. Pero las fuerzas Califales no estaban lo suficientemente debilitadas como para ser aplastadas por un número excesivamente menor, siendo así que Omeyas y Shias estaban bastante igualados. Por eso la batalla resultó en empate, y las facciones decidieron alternar entre negociaciones y batallas hasta que una victoria o un acuerdo determinara la cuestión.
 
    De este modo la guerra fue tan desgastante, que un tercer grupo “neutral” de guerreros, cansados de la guerra, optaron por asesinar tanto a Moauiyeh como a Ali, pensando así que con esto acabaría la cruenta guerra civil. Sin embargo el intento de matar al Omeya fracasó, por lo que sólo Ali murió. Así acabó la primera fase Califal de la historia Islámica, con la muerte de Ali se cerró el periodo de los llamados Sucesores Justos.
 

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Este capítulo es parte del libro: Cultura, cultivos y jardines. 

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