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El sistema de la muerte.

Plabras clave: Muerte, enfermedad, salud, seguro médico, privatización, neoliberalismo, indiferencia, frialdad.


    Hay un sistema que avanza inexorablemente, sin descanso, sin retroceso, sin detenerse, además de que aunque se conoce y es notado, no se resaltan sus efectos todo lo que debieran: es el sistema “privado” de “salud” (Neoliberal), pero como de salud sólo tiene el nombre, su nombre más exacto será a partir de ahora su derivado más drástico… así es: este es el sistema de la muerte.
 
    Este sistema de la muerte extiende sus tentáculos cual monstruoso y asqueroso buitre para devorar cadáveres, que son los cadáveres de los sindicatos que aún no se han alineado al régimen mundial.
 
    Y no estoy diciendo que los sindicatos no alineados sean unas blancas palomitas ¡Claro que no! Pues donde hay cierta cuota de poder e influencia, nunca faltan los buitres menores que se aprovechan para vivir del sindicalismo mientras lo convierten en un instrumento de agresión corrompiéndolo en él proceso.
 
    Pero con todo lo corruptos y porros que pueden ser, representan pequeños bastiones de defensa contra el sistema de la muerte (junto a otros sistemas monstruosos) que quieren extender sus tenebrosos tentáculos en todos los países del mundo. NO, lo que se requiere no es acabar con todos los sindicatos, sino sanearlos, limpiarlos de las lacras dirigentes que se comportan como sanguijuelas y golpeadores de ciertos sectores de la política, inclusive encarcelarlos por cargos de corrupción, etc... pero sin acabar con el sindicato en sí mismo.
 
    Sé que eso es sumamente difícil (¿Hay algo fácil en esta vida?), pero inclusive sin limpiarlos y que medianamente ejerzan su función, son mucho menos peor que lo que representa y trae este sistema de la muerte, pues una vez que llega y se instala, demuestra uno de los rostros más fríos y mortíferos del Neoliberalismo.
 
(El hermoso sistema de salud Neoliberal: 
https://es.pinterest.com/pin/509188301590842242/ )

    Una vez que la bestia ha entrado en un país, la industria farmacéutica se alía con los privatizados servicios de salud, mal llamados “liberalizados”, para juntos lucrar con la salud, o con la enfermedad (poco importa si están sanos o enfermos crónicos) de la gente: lo que buscan es que paguen los seguros privados de salud.
 
    Porque el objetivo principal, (y en estos tiempos “hay que priorizar”, y por lo tanto es:) el único, es maximizar las ganancias, y si en el proceso unos cuantos “pacientes” (clientes) viven o se curan, pues ¡Bienvenida sea su salud casi milagrosa! Eso agranda un poco más la sonrisa del Dios dinero.
 
    Sin embargo la mayoría de las veces, para este sistema neoliberal de la muerte, es “necesario” que se le niegue el tratamiento a los pacientes, pues los costos de tratamiento y de manutención temporal le parecen exorbitantes a empresas que vuelven multimillonarios a sus dueños, socios y al consejo ejecutivo en un par de años (¿De dónde vendrá ese dinero?).
 
    Por ello cualquier tratamiento más o menos complejo que haya logrado costear un seguro médico privado para su cliente/paciente que lo contrató, es considerado una pérdida, y si algunos pacientes/clientes logran acceder a recibir los servicios POR LOS CUALES PAGARON, el sistema de la muerte lo considerará un déficit. Por eso es necesario minimizar la enfermedad que se padece 
 
    ¿Qué los síntomas indican probabilidad de un cáncer en ciernes o un tumor benigno? ¡No nos gusta esa realidad! Mejor digamos que la persona padece fatiga temporal o está agarrando un resfriado. Y así lo que era perfectamente curable con un tratamiento no muy complejo, se convierte en un cáncer terminal, en un tumor maligno con metástasis a los otros órganos: una enfermedad que ha matado a varios parientes y amigos míos, aquí, pero también en el “paraíso económico” llamado U.S.A.
 
    ¿Qué el diagnóstico de una enfermedad peligrosa es inegable? ¡No hay problema Dios dinero! Puesto que el reglamento de nuestro seguro nos indica que EL SEGURO NO CUBRE ESE PADECIMIENTO.
 
    Inclusive existen consejos administrativos que dejan morir a sus propios clientes/pacientes (la primer palabra es eso: lo primero) sólo para ahorrarle gastos médicos a la empresa.
 
    Estos consejos administrativos de los seguros médicos y hasta de los hospitales premian con puestos ejecutivos y gerenciales de hospitales, matrices farmacéuticas y ministerios de salud gubernamentales a los médicos que, rompiendo su juramento Hipocrático, logran ahorrarle gastos a la compañía, sin importar si en ese proceso mueren los pacientes en espera de la autorización, o se complica su enfermedad afectándolos de por vida (epilepsia, asma, deterioro permanente de los bronquios, úlceras que causan sangrado interno, neumonía, etc…).
 
(Porque un sistema Neoliberal de salud garantiza el servicio rápido, humano y eficaz para el bienestar de sus pacientes. https://clvddhhucv.wordpress.com/category/entradas/derecho-a-la-salud/ )

    Y para lograr más ahorro (y por ende ganancias inmorales) cualquier error a la hora de llenar el formulario para poder calificar a un seguro médico privado, cualquier error en el historial de enfermedades causa la anulación (muchas veces sin reembolso) de los tratamientos o un aumento absurdo de las cuotas del seguro.
 
    Obviamente los miembros más meritorios pero débiles de la sociedad (los ancianos) no reciben el trato digno que se merecen después de décadas de trabajo duro, honrado, honesto y desgastante. Muchos se deterioran antes de tiempo por no recibir tratamientos médicos decentes o asistencia, mientras otros mueren hasta en la indigencia. Otros mueren esperando algo de justicia, que este mundo, o más bien, este sistema médico “liberalizado” nunca les dio.  
  
    Todo esto sucede porque el monstruo mayor, el que impulsa a este sistema de la muerte, es decir: para el régimen mundial, nosotros los seres humanos solo tenemos razón de existir como productores primarios y secundarios de bienes y servicios: sólo para eso funcionamos, y fuera de eso: todos nuestros actos, nuestra vida, sentimientos, sueños y esperanzas sólo son procesos colaterales, inservibles, cosas inútiles que le suceden a esa gigantesca, sumisa, débil y enferma capa de carne productora llamada humanidad. 
 
    ¿Queremos que este sistema de la muerte termine de engullir a todo el mundo? ¿Lo quieres en tu país? Quien tenga dignidad, debe posicionarse a favor o en contra de esta maquinaria antropófaga y necrófaga: en contra o a favor de esta fría máquina que devora a los seres humanos, vivos o muertos.

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 come (una crónica                                              la justicia de antaño

“ficticia”).                                                            los gusanos de la

                                                                                         lacra social.                            

                                                                        

Artiversario de papel: especial conmemorativo por los primeros 25 artículos.



Palabras clave: Cultura, Cultivos, Jardines, Aniversario, 25, Artículos, Francia, Califato Omeya, España, Imperio Romano, Islam, Califafo Abasí, Arabía, Imperio Sasánida, Persia, Chiitas, Irán, Chiismo, India, Sunitas, Inmortalidad, Sunismo, Flor, Hamagzangul, Médico, Doctor, Salud, Aventura, libro gratis, el mejor libro, el libro del año
    
    Me presento a ustedes: yo soy un simple mortal, y quizás cuando estén leyendo esto, yo ya esté muerto. Sepan pues que alguna vez pisó la tierra un médico, un doctor aventurero llamado Borziyeh: el mejor en su especialidad.

    No me recuerden por lo que no logré, lo que me faltó hacer en esta vida: sino por lo que si descubrí: ¡Miles de maravillas! ¡Millares de plantas curativas! Todo esto y más encontré en la India, tierra enigmática, provincia ancestral, con ideas y filosofías apasionantes.


    Recuerdo pues aquel viaje por tierra que hicimos a esa nación: los cuervos y los buitres volaban sobre nosotros, yo sentía el sudor frío, pues las aves parecían estar esperando a que cayéramos muertos, pues nos internábamos en el desierto más inhóspito de la tierra, el cual forzosamente debíamos cruzar si queríamos alcanzar por tierra a aquel subcontinente. Para mí fue un viaje hacia lo desconocido, aunque los comerciantes con los que iba se lo sabían casi de memoria, pero yo no confiaba en ellos…

    Cruzamos pues el desierto de sal ¡Y hasta las aves carroñeras se han ido por la sed! Caminamos pues ese abandonado lugar que en momentos parece eterno. Nuestros únicos testigos eran los esqueletos que nos miraban, parecían decir “¡Pronto serán de los nuestros!”



    “¡Oh Dios! ¡Sálvamos!” es lo que pensaba, hasta que vimos llegar a los barcos con suministros hacia la desolada costa ¡Nuestra salvación! Juro que si se hubieran tardado un día más, creo que habría muerto por la deshidratación o la debilidad, o quizás habría perdido totalmente la razón. Cruzamos pues el desierto, y dimos con unas montañas gigantescas, nevadas en su cumbre, así pasamos de la blancura de la sal, a la blancura de la nieve, subiendo por escarpados caminos, a veces tapados por piedras, a veces cubiertos por capas de nieve de más de un metro, con la amenaza latente de una avalancha.

    Yo quería rendirme, pero ¡Donde nos quedaríamos! Así que mis acompañantes me daban ánimos para continuar, por lo que anduvimos en las veredas, siempre subiendo, para luego comenzar a bajar, topándonos con espesas selvas que, generosas, parecían saludarnos con alegría.

    Llegamos pues a esas tierras de magia, de misterios y maravillas. Conocí a gente extraordinaria, cuya aura mística me tentó más de una vez para abandonar el propósito por el cual había sido enviado a este país de contrastes, pero no permití perderme en esas confusiones místicas, y elegí proseguir mi camino, para cumplir la encomienda de Mi Señor el Rey, quien me ha enviado para buscar la Hamagzangul: la flor de la inmortalidad.

   

    A continuación relataré lo que encontré en la investigación:



    De pueblo en pueblo, y valiéndome de intérpretes, estuve preguntando por la dichosa flor, pero las gentes de aquellas villas siempre nos mandaban cada vez más lejos diciéndonos:

    “Si siguen ese camino de allá, detrás de esa villa y detrás de esas montañas: encontrarán lo que buscan: la Hamagzangul.”

    Pero luego, cuando llegábamos a ese lugar, las gentes que nos topábamos nuevamente nos decían lo mismo, haciendo que nos internáramos cada vez más en las misteriosas tierras orientales. Así que llegamos demasiado lejos, mucho más lejos de lo que cualquier occidental antes de nosotros había llegado.

    Entonces en una villa a la que llegamos y preguntamos, las personas nos dijeron: “Lo que buscan está en la cima de esa montaña” ¡Por fin habíamos dado con el lugar exacto! Así que subimos esa alta montaña, topándonos con un santuario donde los monjes protegían y cultivaban a esa flor, no obstante que nos permitieron entrar al recinto donde guardan ejemplares de esa planta para los viajeros más virtuosos. 


¡Hemos llegado por fin! ¡Logramos lo imposible! Ha llegado la hora de conocer esa flor ¿Cómo es? Los monjes nos han permitido acceder hasta el recinto sagrado donde se encuentra…



    El fragmento anterior es parte de un libro totalmente gratuito, conmemorativo y escrito por mí, llamado “Cultura, cultivos y jardines”, el cual pongo a disposición de todos ustedes como regalo Navideño, y cuyo enlace dejaré al final del artículo. 
    Dono este libro como regalo por las fiestas Decembrinas y también para celebrar los primeros 25 artículos publicados en esta, la revista de ustedes: Quid Editorial, pues este es su primer Artiversario.

    Han pasado poco más de 6 meses de que empezara a escribir en esta revista, luego de su remodelación, y con estos casi 7 meses la página tiene en su haber sus primeros 25 artículos. Gracias a la intensa promoción en las redes sociales, sobre todo en Facebook, en grupos de esta red social: por ejemplo el grupo oficial de la revista, llamado “Otro mundo es posible: este es el QUID de la cuestión.” Aunque también en muchos más, como por ejemplo “Realidad mundial”, o “Debates y opiniones”.

    Mención especial merece la página de Meneame.net porque yo mismo y algunos otros usuarios han publicado artículos de esta humilde revista digital, consiguiendo básicamente el 30% de las visitas actuales: tomando en cuenta que en esa página hasta el día de hoy sólo se han publicado 4 artículos, y que con esos 4 hayamos conseguido casi 5,000 visitas es un indicio de la calidad, la cantidad, la popularidad y el alto poder de convocatoria en España y en otros países de habla Hispana que tiene esa excelente red social.


    Gracias a este intenso trabajo es que al día de hoy la página, a sus escasos 6 meses de vida ya supera las 12,000 visitas ¡Todo un record! El cual podría parecer insignificante viendo que hay páginas que superan las 250,000 visitas, el millón, o canales de Youtube que tienen más de un millón de suscriptores. Pero ten en cuenta que este no es un canal de Youtube, sino una página de lecturas, y que sólo tiene 6 meses, por lo tanto es un número muy bueno de visitas, signo de que la gente está valorando el esfuerzo, el empeño y la constancia puestos en este proyecto.

    Respecto al libro: es un ensayo reflexivo, el cual trata sobre muchísimos temas relacionados con la cultura, por ejemplo: las primeras conquistas Musulmanas, los inicios del Imperio Islámico, el origen de la división entre Sunníes y Shiíes (también llamados Chiitas, como si fueran una changa XD), la época de los Omeyas, el inicio de los Abasíes; la vida de un filósofo y escritor, las traducciones que hizo sobre un libro de cuentos, algunos cuentos cortos provenientes de ese libro, la autobiografía del médico que recopiló aquellos cuentos, la ética integral y en que consiste; la mejor definición de la cultura posible, el sentido de la vida y de la especie humana; la relación entre el plano espiritual y el plano material; la definición de persona “culta”, la diferencia entre la verdadera y la falsa cultura, etc… Este libro es un auténtico canto a la vida, a los sentimientos, a la pasión ¿Y por qué no? Al mundo literario también.

    Espero que este pequeño libro gratuito que resume el espíritu y la actitud detrás de estos primeros 25 artículos, este ensayo realizado con suma dedicación, esfuerzo y pasión, sea de su agrado, y sirva como un regalo Navideño que les hago a todos ustedes. ¡A disfrutar!


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   Cultura, Cultivos y Jardines.

 (Para lectura dentro de esta página)

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  Cultura, Cultivos y Jardines. (Para lectura y descarga)

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SECCIONES a las que pertenece este artículo: Literatura.

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                           Contexto geopolítico Mundial 1:                           Los saicos: Rank 23°  
                               pueblos Lub, Haltamti y el                                    de las mejores
                                 surgimiento de la civilización                                 bandas de Rock
                                (5,000 a.C.-3,260 a.C.)                                         de todos los tiempos

1.- El mundo en el que nació Abanamaqfar.


    Después de cerrarse el periodo de los Califas justos, se abrió el periodo de los Califas de la dinastía de los Omeyas Mayores, y naturalmente este periodo inició plenamente con el Califa Moauiyeh. En ese periodo, y bajo el mando de los Omeyas, es que los ejércitos del Islam conquistaron a prácticamente todo el mundo conocido. Es en este mundo en el que nació Abanamaqfar.

     Como el Califa Moauiyeh tenía a sus partidarios en Siria, y sabiendo que instalarse en Arabia era instalarse en el epicentro de los conflictos, conspiraciones y asesinatos (2 Califas de 5, -prácticamente el “40%” de los Califas hasta ese momento- habían sido asesinados en Medina, en Arabia) decidió lógicamente instalarse en Siria, provincia llena de partidarios, familiares y nuevos terratenientes (oficiales suyos conquistadores) que lo apoyaban, así que se instaló en esa tierra, mandando construir su palacio en la ciudad de Damasco.

    Una vez ganada la seguridad inicial, Moauiyeh formó un consejo de oficiales notables, para que le juraran fidelidad a su hijo Yazid El Príncipe primero, por lo que en los hechos Moauiyeh estaba convirtiendo el Califato en un Reinado, es decir, en un Imperio gobernado por una dinastía hereditaria: los Omeyas.

    Luego, inspirándose en el protocolo de sus vecinos Romanos de Anatolia, Moauiyeh vistió ropas Imperiales, se rodeó de una fastuosidad increíble en su palacio de Damasco, creando esa parafernalia típica de los Reyes, la cual, por patética que se vea al pretender mostrar al monarca como alguien “casi Divino”, tiene su razón de ser como símbolo disuasorio para que otras personas no intenten usurpar el poder, pues pocos apoyarían al usurpador si “no tienen sangre azul”. No es el método más efectivo para estabilizar un gobierno monárquico, pero al menos contribuye aunque sea un poco.

    Esta fastuosidad monárquica contradecía el anterior carácter austero de los Califas anteriores, y es aquí donde se comenzó a idealizar el régimen anterior, con la típica conclusión mal hecha de que “todo tiempo pasado fue mejor”, por lo que los Califas, con sus virtudes y defectos, fueron en cierta forma idealizados, y es por ello que se conocen como los “Califas Justos”.

    Sin embargo sus súbditos no islámicos -que eran mayoría en el vasto Imperio Califal- apoyaron al Califa Monárquico, pues sus abuelos y hasta algunos padres conservaban el recuerdo de los antiguos Emperadores Romanos y Reydereyes Sasánidas, vestidos de un modo fastuosamente lujoso, y separados del resto de los mortales.

    Esta situación podría tarde o temprano explotar, entre los musulmanes molestos con el estilo monárquico (al que veían como despotismo idólatra, narcisista y blasfemo) y los partidarios de la dinastía Omeya, pero gracias al buen hacer de la gestión de Moauiyeh, hubo relativa paz interna… al menos durante su vida.

    Pero a su muerte, en el 680, estallaron rápidamente las rebeliones de aquellos antiguos partidarios de Ali, junto a los partidarios de sus descendientes, por lo que nuevas guerras civiles azotaron al gigantesco Imperio Musulmán, durante un periodo de 12 años.

    En ese periodo los partidarios de la familia de Ali, llamados Shias, apoyaron a los dos hijos del último de los Califas Justos, por lo que hubo rebeliones encabezadas por estos dos: Hasán y Husayn, pero el resultado de la guerra civil fue adverso para los Shias, por lo que desistieron, al menos durante algunos años.

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    Al final de la guerra civil, en el 692, el Califa Omeya del momento, Abdal Melik se dió cuenta de que las crónicas guerras civiles habían disminuido considerablemente al número de guerreros, oficiales y partidarios, no sólo de los Omeyas, sino ya del dominio árabe, por lo que ahora los árabes eran todavía más minoritarios en el Imperio.

    Sabía que en cuanto se dieran de la aguda inferioridad numérica de los árabes,  y de su endémica debilidad étnica, los pueblos no árabes comenzarían a tramar rebeliones nacionalistas, y lo peor no era eso: lo peor era que los mismos “ciudadanos de segunda” podrían conspirar junto con todo el cuerpo burocrático de origen griego, egipcio, judío, arameo e iranio, para acabar con los oficiales militares, los terratenientes, y los líderes religiosos árabes.

    Es por ello que, lleno de celo racial, el Califa decidió enquistar fuertemente a los árabes como la clase gobernante, pues si no podían volverse mayoría en toda una generación, al menos no le darían la oportunidad a los funcionarios no-árabes de unirse junto a los súbditos y quitarles su dominio: por ello Abdal Melik impulsó los primeros pasos de la reforma Califal, por la cual el idioma árabe reemplazaría al Griego y al Pahlab como idioma administrativo.

    De esta forma comenzó a disminuir la dependencia de los árabes hacia los funcionarios y burócratas griegos, egipcios, judíos, arameos o iranios, pues los jóvenes hijos de los terratenientes y de los oficiales (que por necesidad de sus familias de mantenerse en el poder conocían aquellos idiomas –indispensables para tratar con los burócratas gubernamentales- desde hacía generaciones) podrían educarse primero con los viejos funcionarios no-árabes, y luego desempeñar sus funciones al retirarse estos, traduciendo, adaptando o incorporando todos los términos técnicos extranjeros al idioma árabe.

    Esto gradualmente le proveyó al idioma árabe de una gran riqueza de términos, provenientes de esos otros idiomas, iniciándose las escuelas de los grandes gramáticos de aquel idioma semita en el Imperio Islámico.

    El paso lógico siguiente que darían tanto Abdal Melik, como sus sucesores fue el de usar el árabe como única lengua oficial del ejército, seguido por hacer obligatoria la confesión de que “sólo hay un Dios y Mahoma es su profeta” convirtiéndolos prácticamente en nuevos musulmanes.

    Luego llegó el tiempo de aplicar el impuesto conocido como Giezya, que es el impuesto adicional que debían pagar los no musulmanes para que se les respetara su credo y se les dejara en paz ¿Y quién tenía el poder para decidir si se respetaba o no a los otros grupos religiosos, que sumados eran mayoría? Lógicamente el ejército, y tenía este que ser un ejército compuesto en su mayoría por fuerzas regulares islámicas.

     Antes de estas reformas Omeyas, los ejércitos Califales estaban compuestos por un núcleo pequeño, pero duro, de árabes musulmanes, en torno a los cuales se agrupaban las otras tribus árabes: tribus judías, cristianas, y paganas. Luego seguían las fuerzas mercenarias, de unidades de caballería, arquería e infantería compuestas por aguerridos pueblos paganos, dualistas, o cristianos. Y para inflar más el número, se solía hacer una leva de milicianos sacada de entre los súbditos griegos, egipcios, judíos, arameos e iranios, complementada con algunas unidades pequeñas de conversos no-árabes al islam, junto con la cada vez más importante leva de libertos eslavos convertidos también al Islam.

    De esta forma se entiende que de todos los ejércitos disponibles, los musulmanes constituían, quizás un 30% cuando mucho, por lo que era muy peligroso que la aristocracia árabe islámica (que gobernaba vastos territorios fuera de su hogar ancestral) siguiera disminuyendo por efecto de las estériles guerras civiles, pues rodeados como estaban de guerreros tanto “infieles”, como de no-árabes, podrían todos ellos en un momento dado abandonar o inclusive combatir a la minoría islámica, eliminándolos.

    Pero gracias a estas reformas no sólo comenzó el proceso de islamización y arabización (lingüística) del ejército, sino que poco a poco, gradualmente, pero cada vez más numeroso, surgió un fenómeno social dentro de los súbditos “incrédulos”: se comenzaron a convertir también al Islam.

    Estas conversiones se hicieron de manera superficial, pues sólo lo hacían para librarse de la Giezya: para no tener que pagar ese impuesto especial a los no-musulmanes.   

    Sin embargo estos nuevos conversos naturalmente tenían hijos, pero las costumbres legales del Califato prohibían que los padres musulmanes educaran a sus hijos en cualquier otra fe. Así que de este modo surgió una gran necesidad de instrucción para estos nuevos musulmanes, tanto militares como civiles.

    Y es aquí donde surge en plenitud la figura del Ulema, es decir, del maestro de religión “Mahometana”, pues a mayor demanda, mayores oportunidades de ofertar conocimiento, y mayores los árabes islamistas dispuestos a enseñar (tanto por piedad y vocación religiosa, cómo para lograr cierto poder y hasta “administrar” las limosnas.)

    Entonces el fenómeno social de estos conversos superficiales dió paso al fenómeno social de los hijos de estos conversos: los islamizados de segunda generación, al haber sido educados en la religión musulmana, eran más sinceros que sus padres, pues eran auténticos musulmanes de corazón, y seguidores de la autoridad de estos Ulemas, que habían pasado de ser simples particulares árabes, a convertirse en auténticos líderes religiosos que detentaban cierto poder sobre sus fieles.

    Pronto otros Ulemas más interesados en alcanzar poder político-religioso, se dedicaron a instruir exclusivamente a ciertas etnias y pueblos, pues de este modo podrían hacerse de una facción unificada desde la cual escalar posiciones en un Imperio que de cualquier otro modo no les ofrecía casi nada de posibilidades de ascender en la escala social.

    En el caso de los Shias, los predicadores del Islam partidarios de la familia de Ali se dedicaron a convertir a los pueblos de Mesopotamia, sobre todo Arameos e Iranios, por lo que el Shiismo, en su etapa de fortalecimiento numérico y engrosamiento de la facción, fue tomando un tinte cada vez más iránico, persa y mesopotámico, ya que estos conversos se volvían musulmanes, pero no árabes de cultura, sino que preservaban cualquier aspecto de sus tradiciones pre-islámicas que no contradijeran a los preceptos más básicos del Islam.

    Luego los Shias hicieron otros intentos de hacerse con el poder, como en la tercera guerra civil en el año 740, que, si bien no les dio el poder a los Shias, si fue un movimiento destructivo que acabó con la dinastía de los Omeyas mayores 10 años después.

    Así vemos pues que el Imperio Mundial Califal continúa extendiéndose, hasta llegar a la india, y a las fronteras con el Imperio Chino al oriente, mientras que llega al Atlántico, gran parte de España y hasta partes de Francia al occidente. Este crecimiento se dio bajo la Dinastía de los Omeyas mayores, Dinastía que retuvo el poder en Damasco durante 89 años, desde el 661 hasta el 750.

    En este vasto Imperio Mundial, comenzó el gradual fenómeno de la islamización y la arabización (idiomática) de gran parte de sus habitantes, sin embargo, estos procesos fueron impulsados por gentes que no buscaban la unidad incondicional del Imperio, sino que cada quien buscaba su propio poder, y si era necesario romper la unidad para imponer su poder, lo harían, guerras mediante.

    En este mundo de guerras civiles, fermentación cultural, y disputas políticas que poco a poco se transformaban en divisiones y distinciones sectarias dentro de la religión del Islam: es en este mundo en el que nació Abanamaqfar.

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Este capítulo es parte del libro: Cultura, cultivos y jardines. 

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